Ricardo Ávila
Editorial

Una solución que vale oro

La larga protesta que adelantan los mineros de Segovia y Remedios exige respuestas que le cierren el espacio a la ilegalidad.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
agosto 24 de 2017
2017-08-24 08:25 p.m.
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Han pasado ya cinco semanas desde cuando 10.000 personas dedicadas a la minería en los municipios antioqueños de Segovia y Remedios se declararon en paro. Lo que comenzó como una manifestación cívica y pacífica a favor de las actividades de extracción informal de oro ha degenerado en enfrentamientos con la Fuerza Pública que dejan un saldo de tres muertos y más de una treintena de heridos. La región sufre serios problemas de desabastecimiento de alimentos, cierre de establecimientos comerciales y parálisis de actividades.

Detrás de la protesta hay un pulso de vieja data entre la llamada Mesa Minera y la empresa Gran Colombia Gold, dueña del más grande título de explotación en la zona.
Los que marchan se quejan de los contratos de operación que tienen con la multinacional canadiense, la ‘criminalización’ de sus actividades, las restricciones en la comercialización del metal sacado y demás regulaciones contra la extracción ilícita. Por su parte, la compañía, que produce unas 150.000 onzas anuales, defiende sus derechos de propiedad y denuncia las amenazas a sus empleados y los ataques a sus instalaciones.

El conflicto desborda los límites de la economía, ya que se desarrolla en una zona con una larga tradición de minería a pequeña escala y con fuerte influencia de grupos criminales. Los más de 60.000 habitantes del área dependen directa o indirectamente de las actividades extractivas, algunas formalizadas y otras no. Bandas armadas como el llamado ‘clan del Golfo’ y la guerrilla del Eln ejercen poder y extorsionan a los diferentes eslabones de la cadena del oro. De hecho, las autoridades han denunciado la infiltración de los violentos en el paro.

Segovia y Remedios concentran los desafíos más apremiantes tanto en la lucha contra la ilegalidad como en la convivencia pacifica entre minería tradicional y empresarial. A la luz de lo que está en juego, el Gobierno no puede reducir las regulaciones existentes. Relajar restricciones en la comercialización del oro podría abrir canales para el fortalecimiento de los delincuentes.

Aun así, es válido que los pequeños mineros busquen mayor participación en las ganancias de la extracción de oro. Llegar a ese punto pasa por aceptar nuevas condiciones y requisitos para operar. Mejores garantías laborales y de seguridad, así como medidas de protección ambiental y buenas prácticas, no van en contravía de la tradición, sino que la fortalecen y la proyectan hacia el futuro. También resulta fundamental trazar límites claros con el fin de distinguir a los delincuentes de los honrados.

Mientras buscan salidas para apaciguar los ánimos y conseguir que las cosas vuelvan a la normalidad, los actores estatales deben señalar que seguirán en la lucha para castigar a los criminales, mientras les dan la mano a los que quieren formalizarse. Dar un paso atrás equivaldría a entregarle una patente de corso a la que podría describirse como una de las amenazas más complejas en la Colombia del posconflicto.

Aquí se ponen a prueba los abordajes no solo de seguridad, sino también de diálogo social que el Ejecutivo requiere para hacer realidad la paz territorial. Programas de inversión y fortalecimiento institucional son obligatorios en cualquier estrategia contra la minería ilegal.

A su vez, Gran Colombia Gold debe esforzarse en encontrar caminos para la convivencia con los pequeños mineros. Mejores precios para la onza de oro irían en la dirección correcta, así como un relacionamiento distinto con las comunidades. Es evidente que el esquema actual no funciona y que la empresa tiene escaso margen de maniobra a nivel local.

De continuar el caos y la tensión, quizás la huelga se levante solo para estallar en unos meses más. El esfuerzo de las partes tiene que orientarse a buscar una salida que garantice la coexistencia pacífica de dos maneras de sacar el oro, mientras se le cierra el espacio a la ilegalidad.

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