Ricardo Ávila
Editorial

Y nada que escampa

La perspectiva que muestra el precio del petróleo es de debilidad, pues la oferta global cae mucho menos
de lo esperado.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
junio 14 de 2017
2017-06-14 09:36 p.m.
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La fuerte descolgada que sufrió el petróleo ayer en los mercados internacionales fue observada con nerviosismo por los productores de crudo en el mundo entero, incluyendo a los de Colombia. En apenas una jornada, la cotización del barril cayó en más de 3,5 por ciento, con lo cual la variedad Brent se ubicó por debajo de los 47 dólares, un punto que no se veía desde noviembre pasado.

Por cuenta de lo sucedido, están prácticamente perdidas las esperanzas de un repunte importante en los precios de los hidrocarburos este año. Aunque es posible que las cosas mejoren un poco en el segundo semestre, la ilusión de que el barril suba hasta los 60 dólares es un sueño cada vez más irrealizable en el corto plazo.

El motivo principal es la dinámica de un mercado en el que abundan los vientos cruzados. Un reporte publicado ayer por la Agencia Internacional de Energía (AIE) puso las cosas en blanco y negro, aunque no faltará quien diga que el panorama esbozado fue más bien oscuro.

Y es que en contra de las expectativas de hace unos meses, que apuntaban a una oferta que estuviera muy debajo de la demanda global, los inventarios siguen aumentando.
Parte de la culpa es que el repunte del consumo es menor de lo que se creía, pero la verdadera preocupación es que el bombeo también sube, a pesar de que los países que conforman la Opep han cumplido con buena parte de los recortes con los cuales se comprometieron a finales del 2016.

Entre los diferentes factores considerados, el más importante de todos es la recuperación de la producción estadounidense, que en su momento se vio golpeada cuando los precios se desplomaron tres años atrás. No obstante, el sacudón llevó a un gran recorte de costos, el cual se tradujo, en la práctica, en un punto de equilibrio mucho más bajo. Debido a ello, quienes extraen el crudo usando técnicas no convencionales como el polémico fracking, son rentables en niveles como los presentes.

Lo anterior se traduce en un bombeo que se acerca a los nueve millones de barriles diarios, que en el 2018 podría subir hacia los diez millones. Ante esa perspectiva, importa menos que las necesidades mundiales de hidrocarburos crezcan a más de 99 millones de barriles el año que viene, pues el consumo extra será compensado, con relativa facilidad, tanto por las compañías norteamericanas como por lo que suceda en otras naciones que no se han comprometido con un ajuste del cinturón.

Eventualmente, la AIE espera que las existencias se reduzcan, con lo cual el valor de los combustibles retomaría una senda ascendente. El problema es que eso empezaría a suceder dentro de doce meses, o más, por lo cual es mejor no hacer cuentas alegres con respecto a una reactivación, cada vez más improbable.

Semejante panorama no es bueno para Colombia. Vale la pena recordar que el petróleo es, de lejos, el principal renglón de las exportaciones. Gracias a lo sucedido en el pasado reciente, las ventas externas del país muestran un repunte del 25 por ciento hasta el mes de abril, pero esa mejora se puede diluir en el futuro cercano, pues la producción interna viene en descenso.

Atreverse a hacer predicciones es riesgoso, pero la mezcla de tasas de interés más elevadas en el escenario global y un crudo de menor valor, deberían sentirse sobre la tasa de cambio, que hasta hoy se ha mantenido en cercanía de los 2.900 pesos por dólar. A lo anterior se suma el futuro de las inversiones previstas en exploración y desarrollo de campos existentes, las cuales pueden aplazarse, debido a que obtener utilidades va a ser más difícil ahora.

Como si lo anterior fuera poco, el entorno creado por la conflictividad social y las consultas populares, complican el futuro de la actividad en el territorio nacional. Por tal motivo, es difícil ser optimista con respecto al petróleo, pues, si por allá llueve, por aquí tampoco escampa.

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