Ricardo Ávila

Riesgo de contagio

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
enero 28 de 2014
2014-01-28 03:12 a.m.
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Ayer fue un día casi tranquilo en Argentina, tras el sacudón de la semana pasada. Así lo demostró la cotización estable del dólar en el mercado oficial, que se mantuvo apenas por encima de los 8 pesos, mientras en las negociaciones paralelas este registró un ligero incremento, hasta llegar a 12,2 pesos. Por su parte, el índice Merval de la bolsa de Buenos Aires tuvo un incremento superior al 1 por ciento, reflejando lo que algunos podrían describir como un alza en la confianza de los inversionistas.

Sin embargo, en el resto del mundo las pérdidas fueron la constante. Desde Tokio hasta Fráncfort, pasando por Londres y Nueva York, las jornadas acabaron con números en rojo. En el caso de Colombia, el retroceso fue del 1,3 por ciento, con lo cual el descenso en el mercado accionario local va en 8,3 por ciento en lo corrido del 2014. Adicionalmente, las negociaciones de la moneda estadounidense llegaron hasta los 2.008 pesos, el nivel más alto de la divisa desde diciembre del 2010.

Dicha evolución comprueba que el coletazo que comenzó en el sur se siente en las más diversas latitudes. Si bien el nerviosismo se centra en algunas economías emergentes, nadie se puede considerar plenamente blindado, sobre todo en un planeta cada vez más globalizado. En el peor escenario, aun la tímida recuperación del Producto Interno Bruto mundial este año podría verse comprometida.

Para los más pesimistas, se podría estar incubando una crisis de características similares a las de 1997, cuando varias fichas del dominó, incluyendo a Tailandia, Corea del Sur y Rusia, cayeron con estrépito. Los vientos huracanados llegaron a ser de tal magnitud que influyeron en la contracción que experimentó Colombia en 1999, cuando su PIB bajó en más del 4 por ciento.

Frente a esos pronósticos apocalípticos, otros piden calma. Es verdad que los prospectos de las naciones en desarrollo no son tan buenos como hace unos años, particularmente para los exportadores de materias primas. También lo es que el cambio gradual en la política del Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos implicará un alza en las tasas de interés y un retorno paulatino de los capitales hacia el hemisferio norte.

Pero, en medio de las circunstancias, hay países que se han preparado con juicio y tienen niveles saludables de reservas internacionales, además de índices de endeudamiento muy inferiores a los que se ven en Europa. Por tal motivo, sería injusto ponerlos a todos en la misma canasta, algo que los propios mercados reconocen.

De tal manera, es completamente diferente el grado de nerviosismo que despiertan los casos de Turquía, Venezuela o Suráfrica, frente al de México. Mientras los tres primeros sufren de desajustes económicos y políticos, el último ha recibido elogios por su capacidad de hacer reformas y tener un manejo prudente de sus asuntos. No resulta extraño que la lira, el bolívar o el rand hayan tenido una fuerte depreciación reciente, mientras el peso ayer se fortaleció.

En este complejo escenario, Colombia tiene muchos más elementos que la identifican con el grupo de los relativamente fuertes que con el de los débiles. Aparte de haber completado sus necesidades de financiación externas para este año, el país cuenta con una inflación baja, un PIB que crece, un sector bancario sólido y una buena situación fiscal.

Aun así, tiene que mantener los ojos muy abiertos y saber enfrentar con calma eventuales movimientos especulativos en contra del peso, para lo cual el Banco de la República cuenta con munición suficiente. Por su parte, el sector privado –cuyo endeudamiento externo ascendía a 38.970 millones de dólares en septiembre pasado– debe manejarse con cautela. Y es que a un país que en materia económica goza de buena salud, le corresponde estar alerta, y más cuando la posibilidad de un contagio está en el aire.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto

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