Ricardo Ávila

Riesgos que van al alza

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
octubre 09 de 2012
2012-10-09 01:31 a.m.
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Aquella conocida máxima que afirma que ‘toda situación, por mala que sea, es susceptible de empeorar’, puede aplicársele con entera libertad a la economía mundial.

Así lo dejó en claro ayer el Fondo Monetario Internacional desde Tokio, en donde la entidad multilateral celebra como cada otoño su asamblea anual, con la presencia de ministros de Hacienda y banqueros centrales de 185 naciones.

Como es usual, también por esta época, el organismo dio a conocer su más reciente ejercicio en torno a las perspectivas económicas globales. El balance no es nada alentador.

Según el FMI, el Producto Interno Bruto del planeta debería tener un crecimiento de apenas 3,3 por ciento este año, mientras que para el 2013 la apuesta es del 3,6 por ciento.

Dichas cifras son inferiores en 0,2 y 0,3 puntos porcentuales, respectivamente, a las reveladas en enero.

Pero más allá de la discusión sobre los decimales, el mensaje es que el clima está empeorando y cada vez luce más oscuro.

De acuerdo con el Fondo, las probabilidades de que el PIB mundial se ubique por debajo del 2 por ciento ahora son de uno en seis, lo cual no es en absoluto despreciable.

Las causas del deterioro son las mismas de los últimos tiempos.

En Europa, las cosas van de mal en peor, especialmente por cuenta de la situación de Italia y España, que son las economías que en la Zona Euro ocupan el tercero y cuarto puesto.

Ambas, se sabe, sufren por el peso de una deuda pública elevada. Y a pesar de que tanto Madrid como Roma han impulsado medidas de austeridad que les han caído muy mal a sus ciudadanos, según lo demuestran las manifestaciones multitudinarias en contra del apretón, es dudoso que salgan adelante.

La razón no es otra que el mismo círculo vicioso que en su momento vivieron Grecia y Portugal.

Los márgenes de riesgo de los bonos españoles e italianos se han disparado, con lo cual buena parte de los recortes se van en mayores costos financieros, ante las dudas que tienen los inversionistas. Mientras tanto, el crecimiento se desploma, con lo cual el recaudo de impuestos disminuye, y hay que enfrentar otra ronda de sacrificios.

Por tal motivo, cada vez son más numerosos los llamados que se le hacen, especialmente al Gobierno de Mariano Rajoy, para que acepte el rescate que le ofrecen sus socios europeos a intereses mucho más bajos que los actuales.

El lío para el jefe del Partido Popular es político, pues no hay ayuda sin condiciones, las mismas que caerían pésimo entre la ciudadanía.

Mientras ese tire y afloje se soluciona, la situación de Estados Unidos también es causa de nerviosismo.

A menos de un mes de las elecciones del 6 de noviembre, todo indica que la polarización entre demócratas y republicanos seguirá, por lo cual va a ser difícil lograr un consenso en el Congreso con el fin de evitar el conocido ‘abismo fiscal’.

Este no es otra cosa que la inminente expiración de una serie de alivios tributarios el 31 de diciembre, cuyo efecto -en caso de que no se prolonguen- sería el de golpear el consumo con fuerza.

Para completar el panorama, están las inquietudes sobre China, la cual enfrenta una desaceleración que se refleja sobre el comercio exterior y los precios de los productos básicos.

Si bien nadie duda de que Pekín tiene todavía algunos ases en su manga, lo cierto es que los llamados para que el gigante oriental dependa menos de su sector externo y más de la demanda interna aún no se expresan en la realidad.

Todo lo anterior hace recordar el capítulo de una novela que se ha leído varias veces, pero en donde el final se torna un poco más dramático cuando se vuelven a pasar las páginas.

Que ya algunos países han pagado los platos rotos se evidencia en las cifras de América Latina o de Asia.

La pregunta ahora es si la falta de liderazgo, ya sea en las capitales europeas o en Washington, va a acabar desembocando en que se quiebre toda la vajilla.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

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