Ricardo Ávila

La rueda está inventada

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
septiembre 18 de 2014
2014-09-18 11:44 p.m.
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Desde cuando era candidato a la Presidencia de la República por segunda vez, Juan Manuel Santos hizo una promesa de fondo. En repetidas ocasiones el mandatario habló de crear 2,5 millones de empleos en el presente cuatrienio, una cifra que no tiene precedentes en la historia del país.

Lo anterior no quiere decir que la meta será imposible de lograr, aunque conseguirla representa un desafío enorme. Para comenzar, hay que superar lo hecho en la pasada administración, cuando se generaron 2,3 millones de puestos de trabajo. Eso requiere no solo que la economía ande bien, sino que supere incluso su ritmo reciente y mantenga una velocidad del 5 por ciento anual o más.

De lograrlo, los avances serían notorios. En la primera administración de Álvaro Uribe, la desocupación fue del 13,2 por ciento, en promedio, mientras que en la segunda bajó al 11,7 por ciento, un nivel que cayó más entre mediados del 2010 y el 2014, al 10,3 por ciento, según un estudio de Fedesarrollo.

Pero las mejoras fueron más allá. La informalidad experimentó una caída grande, expresada en los 1,5 millones de afiliaciones adicionales a la seguridad social. Como si lo anterior fuera poco, el subempleo también descendió de manera contundente y el incremento en la masa de asalariados duplicó al grupo de aquellos que no reciben un sueldo fijo.

Todo lo anterior fue posible por la expansión ya anotada del Producto Interno Bruto, que se tradujo a su vez en un aumento importante de la demanda interna. Actividades como el comercio, los servicios sociales, la construcción, los ramos inmobiliarios y el transporte fueron las que abrieron el mayor número de nuevas plazas.

No obstante, es imposible desconocer el impacto de reformas que sirvieron para flexibilizar las normas laborales y disminuir los costos de contratación. El ejemplo más claro es el de la rebaja de 13,5 puntos porcentuales en las cargas parafiscales que financiaban directamente al Sena y el Bienestar Familiar, entidades que ahora se nutren del impuesto Cree.

Esa reducción fue clave para impulsar la formalidad, junto con lo hecho por el Ministerio del Trabajo al castigar los abusos que se hacían por medio de la figura de las Cooperativas de Trabajo Asociado.

Aunque los efectos tardarán en verse, los técnicos destacan igualmente la creación del Servicio Público de Empleo, cuyo propósito es servir de puente entre la demanda y oferta de vacantes. De la misma manera, los programas de formación tuvieron una actualización importante, con el fin de adaptar los cursos de educación técnica y tecnológica a lo que requiere el sector privado.

Hechos los reconocimientos, es indudable que falta un gran camino por recorrer. No solo nuestra tasa de desempleo se ubica aun por encima del promedio latinoamericano, sino que la informalidad es muy elevada. Más inquietante es registrar que hay dos clases de trabajadores, dependiendo del nivel educativo.

Los más preparados tienen buenas remuneraciones, pero aquellos que apenas acabaron la primaria están condenados a no tener un cargo estable o bien pagado.

Por tal razón, hay que apoyarse en lo ya conseguido para lograr mejoras más profundas. Bajo el supuesto de que los planes orientados a fortalecer la construcción como motor principal de la economía funcionen, se requieren acciones complementarias para darle otro impulso al empleo formal.

Que el tema es atractivo, es algo que demuestra la quincena de proyectos de ley relacionados con los asuntos laborales que han sido radicados en el Congreso. Y aunque hay algunos orientados en la dirección correcta, otros serían contraproducentes.

Falta, además, ver si el Gobierno cumple o no su promesa de echar para atrás la reforma que cambió el esquema de las horas extras. Pero la política pública no debería cambiar de rumbo, después de que todo apunta a que hay una mejoría importante en un tema que es crucial.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto


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