Ricardo Ávila

¿La rueda suelta?

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
septiembre 15 de 2011
2011-09-15 01:20 a.m.
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Justo revuelo han causado las declaraciones del vicepresidente Angelino Garzón frente a dos asuntos de especial impacto económico en Colombia.

Por un lado, sus críticas al nuevo método de medición de pobreza implementado por el Gobierno del que este hace parte, y por el otro, su polémica posición frente a la actividad petrolera en el país.

Aunque exista la tentación dentro de la opinión pública de estar de acuerdo o en desacuerdo con las afirmaciones del funcionario, resulta fundamental analizar la legitimidad que tiene para proferir dichas declaraciones y el sentido de oportunidad con que se atreve a emitirlas, independientemente de si le asiste razón o no.

Conviene recordar que, de acuerdo con la Constitución, el Vicepresidente es una figura sin funciones en el entramado institucional colombiano reservado sólo para cuando deba reemplazar al Presidente en ejercicio, aunque no es menos cierto que este último puede asignarle obligaciones específicas o encargarlo de una cartera en concreto.

Lo que ha ocurrido con Garzón es que pocos entienden a estas alturas cuáles son las tareas que la Casa de Nariño delegó en él, hasta dónde llegan los límites de esas funciones y si podría estar sobrepasándolas o no.

Para decirlo con claridad ¿existe una rueda suelta en la administración?

Y es que el vicepresidente ha venido incidiendo en asuntos de trascendencia como el aumento del salario mínimo, las propuestas de reforma pensional y ahora el sistema para medir la pobreza, lo mismo que se encuentra participando activamente en el devenir de la industria petrolera.

Muchos se cuestionan si sus intervenciones le prestan un buen servicio a la seguridad jurídica de la Nación, lo mismo que al ambiente inversionista e incluso al orden público en Colombia.

Cabría preguntarse, por ejemplo, ¿por qué el vicepresidente solo después de quince días y transcurridos dos Consejos de Ministros en los que tiene asiento, se viene lanza en ristre contra Planeación Nacional, caricaturizando su trabajo técnico?

¿Es sana la interferencia de Garzón y serán sensatas sus críticas a un modelo de medición que cuenta con el respaldo de importantes universidades del mundo y que está basado en estándares internacionales impuestos por la Cepal y el Banco Mundial?

Frente al asunto petrolero, al margen de que los fenómenos de tercerización y los abusos de ciertos contratistas deban ser frenados y sancionados con severidad por parte de las autoridades laborales competentes, las recientes declaraciones de Garzón prendieron fuego a una mecha que arde y que corresponde al presidente Santos apagar.

Si bien el Gobierno debe proteger el derecho al disentimiento y a la libre asociación de los trabajadores, no puede confundirse esa protección con la instigación directa para que las protestas violentas tengan lugar, sobre todo cuando existe un camino de diálogo y canales institucionales ordinarios que debieran agotarse, como en otras ocasiones incluso había sugerido el mismo Garzón.

Pero además sus aseveraciones terminan siendo un reconocimiento de que la gestión de mediación que adelantaba su despacho en el departamento del Meta fue fallida o insuficiente y que por eso el único camino que queda es el de tomarse las calles.

Paradójico, que justo cuando el Vicepresidente critica los modelos de responsabilidad social empresarial del sector petrolero, se reconozca como caso de éxito a nivel mundial, entre más de 4.000 iniciativas, el que adelanta en esta materia la empresa Pacific Rubiales, precisamente en el departamento del Meta.

Por eso ciertos límites tendrán que ser definidos por la Casa de Nariño frente a la que, para muchos, es una desbordada intervención vicepresidencial en asuntos que van mucho más allá de las competencias de Angelino Garzón. Aunque este último está en todo su derecho de defender sus convicciones, no le está haciendo ningún favor a Santos.

Es hora de que empiece a tener más lealtad con la administración que integra.

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