Ricardo Ávila

Saldo en rojo

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
febrero 12 de 2014
2014-02-12 02:59 a.m.
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La publicación de la más reciente Encuesta de Opinión Industrial Conjunta, que hace la Andi junto a otros gremios del ramo manufacturero, sirvió para confirmar lo que diversos indicadores habían sugerido: que el sector fabril en Colombia perdió el año en el 2013. De acuerdo con el sondeo, el retroceso fue del 0,2 por ciento, que le sigue a un mediocre aumento del 0,8 por ciento en el 2012.

Si bien el veredicto definitivo lo dará el Dane en unos pocos días, nada hace pensar que las cifras cambien de signo. En consecuencia, la industria será la única actividad en rojo, entre los capítulos que sirven para calcular el Producto Interno Bruto. Con razón la agremiación calificó lo sucedido de “preocupante”.

No hay una sola causa para explicar dicho comportamiento. Tal como ocurre en estos casos, son varios los factores que impactaron a unas áreas más que a otras, y que en el agregado se conjugaron para que hubiera una contracción. En la lista ,los empresarios señalaron –en su orden– la falta de demanda, la competencia, el contrabando, el tipo de cambio, el costo de las materias primas y la pobre infraestructura, como sus principales problemas.

Pero más allá de las razones puntuales, vale la pena mirar las cosas en un contexto de largo plazo. Y es que el tropezón del año pasado acelera un declive que ha llevado el peso de las manufacturas en el PIB del 22 a apenas poco más del 11 por ciento a lo largo de tres décadas, según cálculos de Anif.

Es cierto que fenómenos similares se han visto en otras economías en desarrollo, en la medida en que los servicios y otros ramos ganan participación, pero quienes saben de estas cosas señalan que el decrecimiento que se ha visto en Colombia ha sido particularmente acelerado. Incluso quienes habían argumentado que parte del declive estaba atado a fenómenos de tercerización de ciertas labores, reconocen que a partir del 2010 se notan síntomas de desindustrialización, expresados en el cierre de plantas de aquellas áreas más expuestas a la competencia externa.

El elemento más inquietante de todos es el del empleo. Aunque la desocupación en el país ha disminuido y en el 2013 llegó a su punto más bajo en 20 años, el total de puestos generados por la industria se redujo durante 13 meses consecutivos hasta noviembre. Para decirlo con claridad, en ninguna otra actividad se destruyeron tantas plazas.

Tales realidades sumadas muestran una fotografía preocupante. Sin desconocer que las perspectivas en el futuro cercano hablan de reactivación, gracias al alza en el precio del dólar, el despegue de la infraestructura o el impacto de las medidas gubernamentales adoptadas hace un tiempo, hay asuntos de índole más profunda que siguen presentes. Entre estos se pueden citar los altos costos de infraestructura, de energía y de contratación de personal, aun después del alivio que trajo la reforma tributaria de finales del 2012.

No menos significativa es la falta de liderazgo del Ejecutivo en este asunto. La impresión generalizada que hay entre quienes manejan las fábricas es que la política de comercio exterior se superpuso a la necesidad de tener lineamientos que estimulen procesos de reconversión o el establecimiento de cadenas productivas, para no hablar de un análisis detallado de las dificultades logísticas que elevan el llamado ‘Costo Colombia’.

Y si bien la apreciación puede ser injusta, el Gobierno ha sido tímido en sus mensajes, precisamente cuando en los escenarios globales se han vuelto a revalidar las ventajas de tener una estrategia que apunte a favorecer las manufacturas locales y contar con una base productiva amplia. Por tal motivo, es muy probable que el punto surja en los planteamientos de los candidatos presidenciales, pero hay que desear que cualquier compromiso que se haga no corra el destino efímero de las promesas de campaña. La industria colombiana no se lo merece.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto

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