Ricardo Ávila

Y salieron trasquilados

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
julio 14 de 2015
2015-07-14 03:26 a.m.
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El acuerdo alcanzado ayer por los jefes de Estado y de Gobierno de los países de la Zona Euro, conducente a la negociación de un tercer rescate para la economía griega, ha dejado mucha tela para cortar.

La promesa de más de 90.000 millones de dólares para los próximos tres años neutralizó la amenaza de una salida inminente del país helénico, pero las duras condiciones han sorprendido a todo el mundo.

Mientras se cumplen las 48 horas que los acreedores le fijaron a Atenas para que tome las primeras medidas de ajuste con el apoyo del parlamento, como condición para dar vía libre al rescate, lo sucedido deja lecciones relevantes. La primera es que el Primer Ministro griego Alexis Tsipras resultó ser más populista en el discurso que en la práctica.

Y es que en su solicitud de rescate este ofrecía unos compromisos tan rigurosos como los que sus acreedores le habían propuesto días atrás, antes de que se rompieran las conversaciones entre las partes. Como si eso fuera poco, las condiciones impuestas ahora son más exigentes aún, con lo cual el referendo de hace unos días contra las exigencias europeas, tuvo más de aspaviento que de sustancia.

El triunfo de la ortodoxia sobre la creatividad progresista ha sido contundente. Además del vergonzoso plazo para que el gobierno griego aprete las tuercas, el entendimiento incluye un endurecimiento de las condiciones de austeridad para los helenos y la constitución de un fondo alimentado por futuras ventas de activos públicos, supervisado por la Unión Europea.

Si lo que quería Tsipras con el referendo era ganar un mayor margen de autonomía frente a sus socios europeos, el resultado fue totalmente lo contrario: las instituciones de ese continente ya no solo le piden austeridad a Atenas, sino que además la obligan a emitir decretos y le coadministran sus privatizaciones.

Lo sucedido en los últimos días también confirma que, si bien todos los países son iguales en el papel, en realidad unos son distintos de otros. Hace apenas una semana, después de que el ‘No’ triunfara en las urnas, algunos observadores pensaron que el Primer Ministro de un pequeño país mediterráneo le había ganado el pulso a su homóloga de la poderosa Alemania.

Los más románticos incluso plantearon que el ejercicio democrático de una nación de 11 millones de habitantes había sido capaz de cambiar la historia de 330 millones de europeos. Pero las cosas han sido a otro precio.

Esta tortuosa negociación también ha dejado claro que la tecnocracia europea sigue siendo tan conservadora en el fondo como en la forma. La prueba de ello es que la súbita popularidad de Yanis Varoufakis, el exuberante ministro de Finanzas que acompañó a Tsipras hasta el referendo, fue flor de un día.

Después de haber causado furor en los medios e irritación entre los burócratas europeos, con su motocicleta, sus vestidos modernos y sus declaraciones iconoclastas, tuvo que dejar su cargo a las volandas para facilitar una nueva negociación con los socios de la eurozona, dejando su lugar a un economista tan serio y aburrido como la mayoría de sus demás colegas.

Finalmente el rigor de los tecnócratas se impuso a los discursos libertarios de los políticos, y los fríos números han derrotado al populismo incendiario. Mientras buena parte de la izquierda internacional sigue pensando que dos más dos puede sumar cinco, la dura realidad ha mostrado una vez más que los billetes no crecen en los árboles.

El rescate que está a punto de alcanzar el Gobierno griego conlleva su obligación de reducir gastos y aumentar ingresos, como lo sugeriría el más anticuado de los contadores o el más conservador de los economistas. La única novedad de este nuevo paquete es que reconoce la necesidad de reestructurar la deuda para facilitar el crecimiento, pero sin condonaciones de ninguna índole.

Ante semejante resultado, el pueblo griego, que alcanzó a ilusionarse, todavía debe estar preguntándose para qué diablos fue a las urnas.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

@ravilapinto

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