Ricardo Ávila

Seguimos quedados

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
julio 27 de 2014
2014-07-27 09:40 p.m.
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Aquel conocido dicho según el cual las comparaciones son odiosas, pero igual hay que hacerlas, se aplica plenamente al informe que viene de dar a conocer el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) sobre el desarrollo humano. La edición correspondiente al 2014 muestra que el mundo sigue avanzando, pero que persisten grandes desafíos, en áreas tales como la pobreza o la distribución del ingreso.

Por ejemplo, 1.200 millones de personas –el 22 por ciento de la población global– reciben ingresos diarios inferiores a 1,25 dólares y si la barra se sube a 2,5 dólares, el número salta a 2.700 millones de seres. De otro lado, la riqueza conjunta de los 85 millonarios más grandes equivale a la que poseen los 3.500 millones individuos de menores recursos, algo que revela que la torta se encuentra muy mal repartida.

Pero más allá de esos datos generales, el trabajo en cuestión es muy útil para mirar en perspectiva la evolución que ha tenido Colombia y cómo se miden los progresos aquí o los atrasos allá, con lo que han hecho otras naciones. Las estadísticas recopiladas por las Naciones Unidas deberían ser una materia de estudio obligatorio, sobre todo para los funcionarios que hablan de oídas y desconocen el diagnóstico que se desprende de los datos disponibles.

Desde hace tiempo, se dice, con razón, que el país ha avanzado en materia social. Así lo comprueba el índice de desarrollo humano (IDH) que construye el Pnud, cuyo valor máximo es uno, y el cual se elabora con base en tres pilares: longevidad, educación e ingreso. Hay mediciones adicionales que conforman una fotografía completa y muestran un panorama de luces y sombras.

En lo que respecta al IDH, no hay duda de que hemos progresado. El valor de 0,711 obtenido en el 2013 se compara muy favorablemente con el de 0,557 de 1980, el 0,596 de 1990 o el 0,655 del 2000. Debido a ello, nos encontramos en el grupo de Estados de alto desarrollo humano, lejos de Noruega, que es el primero de la muestra de 187 naciones con 0,944, pero muy por encima del Congo o Níger, en África, que son los últimos con 0,338 y 0,337, respectivamente.

Aun así, ocupamos el lugar 98 en el mundo, una posición que bien podría calificarse como mediocre. En el contexto regional nos encontramos a buena distancia de Chile (puesto 41) o Argentina (49). La lista de los que nos superan en América Latina y el Caribe es tan larga que no vale la pena reproducirla. Basta saber que Venezuela, Brasil y Perú están mejor, que nuestro nivel es similar al de Ecuador y que estamos por encima de Surinam, República Dominicana o Paraguay. Puesto de otra manera, somos los últimos del grupo de países que consideramos más cercanos y apenas adelantamos a los que miramos por encima del hombro.

Los factores que influyen en nuestra calificación son varios. Por ejemplo, la esperanza de vida al nacer ha aumentado, hasta los 74 años. Sin embargo, el nivel de violencia que se expresa en una tasa de homicidios que está entre las 10 más altas del planeta, actúan como un lastre en este frente. Por otro lado, la cobertura educativa es mayor, pero en lo que hace a años de escolaridad seguimos rezagados. Y en cuanto a ingresos por habitante, apenas estamos en el décimo lugar en Latinoamérica, a pesar de tener la cuarta economía más grande.

Semejante realidad es todavía más grave cuando se incluye el criterio de distribución de la riqueza. Nuestra tasa de desigualdad es la número 12 entre las más altas del mundo, a pesar de una ligera mejoría en tiempos recientes.

Todos esos elementos señalan que a Colombia le falta un inmenso camino por recorrer no solo para destacarse en el mundo, sino en la región. Y que la única salida que tiene un país cuyos dirigentes tienden a darse demasiadas ‘palmaditas’ en la espalda es hacer la tarea. Porque lo que resta es mucho.

 

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto

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