Ricardo Ávila

Señales de alerta

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
octubre 27 de 2015
2015-10-27 03:41 a.m.
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Los riesgos inflacionarios y su incidencia sobre el desanclaje de las expectativas para el periodo 2015-2016, se han venido incrementando y plantean ahora una muy difícil disyuntiva monetaria en medio del menor dinamismo económico.

Aunque era previsible que la marcada devaluación haría de las suyas sobre el valor de los productos transables y que el clima también impactaría el costo de los alimentos, la exacerbación de estos dos fenómenos en la segunda mitad de este año ha comenzado a amenazar la estabilidad de precios y la tranquilidad de la junta directiva del Banco de la República.

A lo anterior se le suma un tercer elemento que ha encendido nuevas alertas, y es la dinámica de la inflación subyacente, que también bordea tasas cercanas a 4,7 por ciento.

Si bien estas presiones corresponden a factores que, en principio, son transitorios, la situación ha comenzado a amenazar la estabilidad de los precios de cara al 2016, debido a un pronunciado desborde en las expectativas de inflación. Mecanismos de indexación como un salario mínimo elevado o un incremento fuerte en los contratos de arrendamiento, transmitirían estas mayores expectativas a realidades inflacionarias para el próximo año.

En este contexto, de manera acertada, el Banco Central aumentó en 25 puntos básicos la tasa de política monetaria en su última cita mensual. Sin embargo, la dinámica de precios y el persistente desanclaje de las expectativas, ad portas de las negociaciones del salario mínimo, parece indicar la necesidad de un nuevo apretón monetario, lo que sin duda encara otro dilema para la junta del Emisor. Si la tasa de intervención supera el umbral ‘tolerable’ de dolor, la actividad económica se verá todavía más resentida y la economía enfrentaría una mayor dificultad para crecer incluso por encima de modestas tasas del 2,5 por ciento anual.

Como esto fuera poco, las señales de menor liquidez se han expresado más crudamente de lo previsto. Durante buena parte del tercer trimestre de este año, los incrementos en las tasas de captación, en especial en las de corto plazo, van más allá del movimiento del Banco.

En efecto, durante septiembre y lo corrido de octubre, las tasas de las captaciones en cuentas de ahorro y cuentas corrientes han aumentado entre 40 y 45 puntos básicos. El spread de Certificados de Depósito a Término Fijo (CDT) atados al IBR en los plazos de uno y dos años ha aumentado en promedio 0,8 y 0,35 puntos porcentuales, generando un aplanamiento de la curva de rendimientos.

Estos movimientos son atípicos en la dinámica normal del mercado, aun en ciclos de restricción monetaria. Algunos analistas atribuyen esta mayor estrechez a la centralización de recursos de las entidades públicas en una cuenta única del Banco Central, drenando recursos del sistema financiero tradicional.

En medio de esta sequía de liquidez, si bien la coyuntura puede invitar a un apretón adicional en tasas de intervención del Emisor, las voces de los ‘halcones’, que hablan de 75 o 100 puntos básicos adicionales en lo que queda del año, parecen excesivas, más en un contexto como el actual, en el que se evidencian fuertes encarecimientos en los costos de fondeo del sistema financiero, que tarde o temprano pasarán a enfriar la economía. Un sobredimensionamiento en las tasas de interés, en esta situación, sería fatal para la recuperación de la actividad productiva.

Difícil tarea la que deberá afrontar la junta directiva del Banco de la República, en su cita del próximo viernes.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto
 

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