Ricardo Ávila

Señales de alerta

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
octubre 21 de 2012
2012-10-21 07:28 p.m.
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Las cifras más recientes sobre el desempeño de la industria en Colombia confirman la mala hora de un sector que es fundamental para la buena marcha de la producción y el empleo.

Según lo informó el Dane, la semana pasada, en agosto la actividad manufacturera registró una contracción del 1,9 por ciento, mientras el acumulado en lo que va del año es positivo, pero apenas en 0,7 por ciento. A menos que exista un cambio de tendencia importante, todo apunta a una caída, la segunda en menos de un lustro.

Semejante comportamiento, a decir verdad, no es exclusivo del país. En las más diversas latitudes ha tenido lugar un enfriamiento industrial como consecuencia de la desaceleración del comercio y la economía global. Desde China hasta Brasil, pasando por Alemania y Estados Unidos, el ramo fabril exhibe un comportamiento francamente mediocre.

Sin embargo, en este asunto bien puede aplicarse aquel refrán que dice que ‘mal de muchos, consuelo de tontos’. En otras palabras, el lío de las manufacturas a nivel mundial no debe servir como excusa para ignorar alertas que merecen ser atendidas antes de que sea tarde.

Para decirlo con claridad, el proceso de desindustrialización en Colombia es una realidad y todo apunta a que va a continuar. No se necesita ser un experto en este campo para darse cuenta de que si el PIB nacional tiene un aumento del 4,5 por ciento en el 2012, y el manufacturero cae, la participación de este sector en la economía va a seguir disminuyendo.

Si eso ocurre, el patrón visto en los últimos años continuará. Un análisis reciente de Anif muestra que la relación del valor agregado industrial sobre el PIB del país pasó de niveles del 24 por ciento, hace tres décadas, al 15 por ciento, hace una y que; de seguir las cosas así, se ubicará entre el 9 y el 12 por ciento. Por su parte, en términos de empleo, la proporción evolucionó del 25 al 13 por ciento actual, lo que constituye una mala noticia si se tiene en cuenta que los salarios en esa actividad tienden a ser superiores al promedio.

En respuesta, más de un especialista puede decir que lo sucedido no hace más que confirmar lo visto en otras sociedades. Tanto las naciones más desarrolladas como las latinoamericanas han visto cómo la industria pierde participación con el paso de los años, pues otros ramos, como los servicios, muestran tasas más aceleradas de crecimiento.

En lo que hace a Colombia, también es notorio cómo la minería ha ganado terreno, con un aumento anual promedio cercano al 12 por ciento entre 2003 y 2011, unas cuatro veces el de la economía. Debido a este auge, el peso de dicho ramo dentro del PIB subió del 3 al 8 por ciento a lo largo de los pasados diez años.

Aunque dicho avance no tiene nada de malo, diferentes análisis confirman que este ha venido acompañado de la conocida ‘enfermedad holandesa’, algunos de cuyos signos empiezan a manifestarse. Todo indica que el incremento en la producción de bienes primarios como el petróleo y el carbón ha coincidido con un estancamiento en el ramo manufacturero, por cuenta de la llegada de divisas en abundancia. Si bien el tema es complejo y requiere un análisis mucho más profundo, basta señalar que en la más reciente encuesta de la Andi entre sus afiliados, el principal problema para los empresarios fue el tipo de cambio.

Como si lo anterior fuera poco, inquieta que la proporción de respuestas sobre nuevos proyectos de inversión ha venido disminuyendo. En consecuencia, no estaría de más que las autoridades le presten más atención a un sector de primera importancia, que sigue sin tener un verdadero doliente dentro del Gobierno y que merece una política articulada pronto. De lo contrario, el declive va a seguir hasta que el país empiece a llorar por la leche derramada, cuando sea demasiado tarde. 

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