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Ricardo Ávila

Por la senda correcta

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
abril 19 de 2013
2013-04-19 04:49 a.m.
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Hay noticias de noticias. Algunas tienen que ver con el pulso de la realidad diaria y otras con cambios de mayor trascendencia. La que dio ayer el Dane, cuando reveló los datos sobre la evolución de la pobreza y la desigualdad en Colombia durante el 2012, entra en esta última categoría.

Y es que según la entidad, el país volvió a registrar una mejoría notable en este campo el año pasado. En el caso de la pobreza monetaria –definida como ingresos inferiores a 808.332 pesos mensuales para una familia de cuatro personas–, la tasa se ubicó en 32,7 por ciento de la población. Aunque eso quiere decir que cerca de una tercera parte de la ciudadanía se encuentra por debajo de la línea mencionada, en el 2002 la proporción era del 49,7 por ciento.

A su vez, la pobreza extrema –cuyo corte es un ingreso familiar menor a 364.828 pesos mensuales– también descendió hasta el 10,4 por ciento, unos siete puntos menos que a comienzos del presente siglo. En términos prácticos, ello implica que los colombianos en condición de miseria son uno de cada diez, cuando hace diez años eran uno de cada seis.

Adicionalmente, la desigualdad también dio marcha atrás. El coeficiente de Gini, que mide la distribución del ingreso –y cuyos valores extremos son cero o uno–, se ubicó en 0,539, muy cerca del promedio latinoamericano. Por cuenta de una evolución favorable que viene desde el 2011, Colombia ya no es una de las naciones más inequitativas de la región, sino que se ubica en un grupo intermedio, entre Panamá y Chile.

Para completar el panorama, el Dane hizo el ejercicio de calcular el índice de pobreza multidimensional, desarrollado por varios académicos de la Universidad de Oxford. Este mide cinco áreas y 15 indicadores específicos que cubren desde las condiciones educativas del hogar, hasta el acceso a los servicios públicos domiciliarios, pasando por salud y trabajo. En este caso, el resultado es que el 27 por ciento de la población colombiana es pobre, 2,4 puntos porcentuales menos que en el 2011.

Así las cosas, hay motivos para congratularse. Los datos mencionados muestran no solo que las cosas en el país han mejorado mucho para millones de familias, sino que la torta del ingreso se encuentra mejor repartida.

Las causas de tal evolución son dos. De un lado, la economía ha podido mantener tasas aceptables de crecimiento que se han traducido en un alza de la población ocupada. Con más gente trabajando y la generación de más puestos formales en los estratos bajos, el avance se hace más rápido. De otra parte, los programas gubernamentales de transferencias monetarias condicionadas para los más pobres –como es el caso de Familias en Acción o Colombia Mayor– también han puesto su parte.

Bajo esa perspectiva, si se preservan el buen ritmo económico y los esfuerzos estatales, la pobreza debería continuar descendiendo. A pesar de los adelantos hechos, no se puede olvidar que todavía estamos ligeramente peor que América Latina, para no hablar de casos envidiables como el de Chile.

Sin embargo, para que los avances se consoliden, se necesita redoblar los esfuerzos en zonas críticas. El caso más inquietante es la disparidad que existe en el territorio nacional. Por ejemplo, la pobreza en las 13 áreas metropolitanas más grandes fue del 18,9 por ciento, pero en la parte rural llegó al 46,8 por ciento. Como si esa diferencia no fuera, de hecho, grave, mientras que en las primeras la situación mejoró, en las segundas empeoró.

El constatar que en las ciudades hay más riqueza y en el campo más pobreza, es una demostración de todo lo que falta por hacer para cerrar la brecha de ingreso y oportunidades. Y mientras esa dicotomía no se solucione, será imposible cantar victoria en un país que poco a poco le gana la partida a la pobreza, pero que se está lejos de poder cantar la victoria.

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