Ricardo Ávila

¿Todo sigue igual?

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
septiembre 15 de 2013
2013-09-15 09:44 p.m.
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Ayer tuvo lugar una conmemoración que pasó desapercibida para la mayoría del planeta, a pesar de que pocos eventos han influido de manera tan fundamental en la realidad actual de sus habitantes.

Se trató del quinto aniversario desde la quiebra de Lehman Brothers, el banco de inversión cuyo hundimiento marcó el comienzo oficial de la peor crisis financiera desde el periodo de la gran depresión de los años treinta del siglo pasado.

Como es sabido, lo que comenzó como un estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, originada en los excesos a la hora de entregarles créditos hipotecarios a personas que no tenían la capacidad de pago para cumplir con sus obligaciones, acabó haciendo metástasis en un mal mucho más grave.

La enfermedad fue el diseño de una serie de instrumentos de inversión basados en esos préstamos, que acabaron siendo adquiridos por instituciones que creyeron en las notas que tales títulos recibieron de las firmas calificadoras de riesgo.

De tal manera, cuando la estantería empezó a derrumbarse, el problema que parecía estar concentrado en el ramo de la finca raíz se volvió uno de solvencia en los principales bancos de las naciones desarrolladas.

Por cuenta de esa situación, la desconfianza se volvió la norma, la aprobación de créditos se paralizó y en cuestión de semanas el sector real acabó pagando los platos rotos, lo cual se expresó en la caída de la producción industrial y un salto en el desempleo.

Ante la posibilidad de una debacle, las autoridades no se quedaron con los brazos cruzados.

De forma decidida el Banco de la Reserva Federal estadounidense, así como el Banco Central Europeo y los demás del Viejo Continente pasaron a la ofensiva, e inyectaron sumas enormes de liquidez al sistema financiero. Y en decenas de casos, estatizaron parcial o totalmente a decenas de bancos, incluyendo a nombres conocidos.

Siempre será objeto de debate si esa transfusión que evitó el derrumbe de múltiples entidades a expensas de los contribuyentes resultó ser la decisión correcta.

Pero lo cierto es que el peor escenario no se materializó y en lugar de otra gran depresión lo que se presentó fue una gran recesión, que se expresó en una contracción de la economía mundial en el 2009, la primera desde el final de la Segunda Guerra.

Es verdad que no haber llegado al escenario más terrible les sirve de poco consuelo a los millones de personas que desde ese momento han visto caer su calidad de vida.

El europeo promedio, todavía se está por debajo del punto en el que se encontraba en el 2007, mientras que en el caso de Grecia la economía perdió una cuarta parte de su tamaño, al tiempo que en España la desocupación superó niveles del 26 por ciento.

Como también es cierto que no hay mal que dure cien años, por fin empiezan a aparecer los conocidos retoños verdes en diferentes latitudes. En Estados Unidos, en donde todo comenzó, se empieza a notar una recuperación más vigorosa.

Tanto, que ahora la preocupación tiene que ver con lo que va a pasar cuando el Federal Reserve empiece a cerrar la llave de la liquidez, la cual implicará el fin de la época del dinero barato y abundante. Incluso en Europa se tiene la sensación de haber tocado fondo, aunque habrá que esperar un buen tiempo antes de enjugar las enormes pérdidas sociales incurridas, aparte de que algunas son irreparables.

Pero la pregunta más importante de todas es si el mundo aprendió la lección y ha tomado medidas para evitar caer otra vez.

Al respecto, hay que reconocer el surgimiento del Grupo de los Veinte, el fortalecimiento de instituciones multilaterales y el reconocimiento de que la supervisión financiera es fundamental, pues no todo se puede dejar al albedrío de las fuerzas del mercado. Sin embargo, eso no da una garantía plena, sobre todo en una humanidad que, de tiempo en tiempo, repite sus errores.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto

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