Ricardo Ávila
Editorial

Sin mejora en la nota

Más allá de las luces y sombras que deja el Índice Global de Competitividad, el mensaje es que al país le faltan tareas por hacer.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
septiembre 27 de 2016
2016-09-27 09:26 p.m.
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Con el Índice Global de Competitividad, a Colombia le sucede como a esos estudiantes que se esfuerzan en hacer la tarea, pero no logran mejorar su nota. Así podría resumirse nuestro desempeño en las clasificaciones que da a conocer el Foro Económico Mundial y cuyos resultados para el presente ejercicio se divulgaron en la tarde de este martes.

Los datos básicos son elocuentes. En el 2016 ocupamos el puesto 61 entre 138 naciones, con una nota de 4,3 sobre un máximo de 7,0. Se trata de los mismos números del año pasado, si bien hace 12 meses el grupo analizado ascendió a 140 países.

Lo anterior no quiere decir que seamos un alumno del todo desaplicado, sino que a veces no contamos con suerte. Por ejemplo, mejoramos en varias áreas, pero experimentamos un notable deterioro en el ambiente macroeconómico, debido al desplome en los precios internacionales de los bienes primarios que exportamos. Ese retroceso, que no puede ser controlado internamente, llevó a que se borrara con el codo lo que se hizo con la mano.

Más allá de las luces y sombras que deja el Índice Global de Competitividad, el mensaje es que al país le faltan tareas por hacer.

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Pero más allá de las excusas, es indudable que necesitamos avanzar en muchas categorías. Basta recordar que los números obtenidos salen de nuestro desempeño en una docena de pilares distintos que tocan asuntos tan disímiles como la salud, los mercados laborales o la innovación. Los estudios realizados revelan que un lugar más alto en la tabla, que a nivel global encabezan Suiza, Singapur y Estados Unidos, muestra una elevada correlación con el progreso de una sociedad determinada.

Aunque las luces amarillas que se encienden en el tablero de control que le corresponde a Colombia son unas cuantas, salta a la vista que nuestros retos se concentran especialmente en la parte de instituciones, en la que estamos de 112 entre 138. Para citar un caso, las estadísticas muestran que la seguridad ha mejorado, pero en el ranking somos 133 en cuanto a costos relacionados con el terrorismo, y 132 en lo que atañe a crimen organizado.

Como si lo anterior no fuera suficiente, salimos muy mal parados en lo correspondiente a ética y percepción de corrupción, aparte de la poca confianza que nos despiertan los dirigentes políticos (128). Tampoco nos va bien con respecto a la independencia judicial (113), o el favoritismo en las decisiones de los funcionarios (112), a la vez que la impresión sobre los servicios policiales muestra un evidente descenso.

Nuestra principal debilidad está en
el pilar institucional, que tiene que ver con el crimen, la corrupción y la justicia.

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En otras materias, hay mucho por hacer. Ya no nos va tan mal como antes en infraestructura, si bien somos los 120 en cuanto a calidad de vías, y 104 en ferrocarriles.
Es de esperar que si las obras del programa de concesiones de cuarta generación se concretan pronto, conseguiremos dejar la parte inferior de la tabla.

Al mismo tiempo, seguimos quedados en la tasa de matrícula en educación primaria (104), al igual que en la calidad de la enseñanza en el ciclo básico (101). Para colmo de males, no avanzamos en matemáticas y ciencias ni en la calidad general del sistema educativo en los grados más altos.

Un lunar adicional se ve en el pilar de eficiencia en el mercado de bienes. La tasa de impuestos a las empresas nos ubica en la posición 133, y el costo de la política agrícola en la 131. En cuanto al costo de los impuestos, en la nómina somos 107 en el mundo, y en lo que tiene que ver con prácticas de contratación y despido de personal, estamos en el lugar 101.

La lista continúa, pero el mensaje es contundente: nos falta un largo trecho para ser una economía competitiva, y estamos a una considerable distancia de Chile, que nos saca 28 puestos y es la primera en Latinoamérica. Como consuelo queda el habernos mantenido en el 2016, pero, a decir verdad, la lista de pendientes es amplia y comienza por la reforma institucional. Ahora que está cerca la etapa del posconflicto, vale la pena recordar que la paz también pasa por tener un Estado que funcione.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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