Ricardo Ávila

Síntoma de desánimo

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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Ricardo Ávila
febrero 06 de 2014
2014-02-06 01:03 a.m.
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Las encuestas relativas a la campaña presidencial, que han publicado varios medios recientemente, coinciden en dos hallazgos.

El primero muestra un estancamiento de los apoyos que reciben todos los aspirantes a la Casa de Nariño, lo cual denota ausencia de emoción entre los electores. El segundo es el alto porcentaje de colombianos que hoy votarían en blanco.

En meses recientes, dicho bloque ha estado rondando entre el 25 y el 30 por ciento de quienes aseguran irán a las urnas el próximo 25 de mayo.

En varios sondeos, incluso la alternativa llega a superar por pocos puntos al presidente Juan Manuel Santos, quien les lleva una amplia ventaja a sus contendores.

El fenómeno ha llevado a algunos analistas a decir que, más que los aspirantes de partidos opositores, el verdadero rival del primer mandatario sería la casilla en blanco que existe en el tarjetón.

Para entender lo que hay detrás de los altos guarismos de una opción que es válida y legítima, es crucial distinguir entre la naturaleza del fenómeno y su eventual impacto sobre los comicios presidenciales.

Que a cuatro meses de la primera vuelta Santos siga en el 25 por ciento de los electores, es un mensaje preocupante que su campaña debe enfrentar.

Con todo el reconocimiento que da la primera magistratura, tener un cuarto de los votantes a estas alturas es un respaldo débil.

Las razones son múltiples. Las dificultades del Presidente a la hora de transmitir los logros de su Gobierno han sido una constante. Los coletazos de las protestas y paros del año pasado, que tumbaron su popularidad, explican en parte la falta de entusiasmo que genera la causa reeleccionista, aunque no es el único factor.

Pero una cosa son esas dificultades y otra, muy diferente, la vulnerabilidad del mandatario en el proceso electoral.

En cualquier escenario, no queda duda de que el triunfo de Santos es altamente probable. Triplicar al siguiente en la competencia significa gozar de una ventaja cómoda. Aun así, es indudable que la capacidad de crecimiento de todos los aspirantes está frenada por el voto en blanco.

El fenómeno no es un invento de las encuestas.

A estas alturas de la campaña, hace cuatro y ocho años, las preferencias por dicha opción registraban cuatro y hasta cinco veces menos respuestas.

A diferencia de ambas ocasiones, hoy los distintos candidatos, inscritos y probables, apenas tienen el respaldo de la mitad del electorado.

Ello no solo es reflejo del desgaste presidencial o de la falta de contrincantes fuertes, sino también del deterioro institucional que el país ha experimentado en los últimos años.

Que el descontento ciudadano exista no es lo mismo a que pueda cambiar el curso de la contienda.

El voto en blanco refleja tanto la dificultad de Santos de vender su reelección, como la incapacidad de los opositores de canalizar la inconformidad de la gente.

En otras palabras, si bien la Casa de Nariño es vulnerable, ninguno de sus contradictores cuenta hoy con el carisma, mensaje y la organización suficiente, para amenazar la continuidad de la actual administración.

En conclusión, más que una apuesta clara de rechazo al sistema, los altos porcentajes del voto en blanco son el resultado de una oferta política débil, tras un año de gran agitación y malestar social.

Lo visto no constituye el embrión de una revolución, sino es el síntoma de que hay un bloque estratégico de electores que sufren de abulia y podrían ser capturados por una propuesta lo suficientemente atractiva. Los mismos que son capaces de aplicar el refrán que dice que ‘es mejor malo conocido’.

Por tal motivo, no hay que inflar el fenómeno, pero sería un craso error desconocerlo.

El descontento que transmiten las encuestas debería llevar a los candidatos, con Santos a la cabeza, a confrontar las raíces de esa realidad y ofrecer soluciones creíbles en los 110 días que quedan para las elecciones. Para eso es una campaña presidencial.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto

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