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Ricardo Ávila

Un tema mal manejado

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
julio 24 de 2013
2013-07-24 02:10 a.m.
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En la vida de cada gobierno hay temas que aparentemente no merecen mayor atención, pero que por ser mal manejados acaban creciendo y se vuelven un dolor de cabeza mayúsculo. Es en esa categoría que se ubica lo sucedido con el embajador de Colombia en Washington, Carlos Urrutia, cuya renuncia al cargo fue anunciada por el propio Juan Manuel Santos en el día de ayer.

Y es que un asunto que merecía explicaciones claras desde un comienzo, tras las denuncias hechas por el senador Jorge Robledo con respecto a la adquisición de predios en el Vichada, fue dejado al garete durante varios días. Como si eso fuera poco, las intervenciones públicas de los funcionarios que tenían a su cargo el tema resultaron desafortunadas, como la del Ministro de Agricultura, que en una entrevista radial y de manera incomprensible tendió un manto de duda sobre las transacciones hechas en la zona.

Para colmo de males, el propio Urrutia menospreció el asunto. Con el argumento de que ya no estaba vinculado a la firma de abogados que estructuró al menos una de las operaciones realizadas, perdió un tiempo precioso. En lugar de la transparencia que es aconsejable en estos casos, lo que encontró la opinión fueron respuestas tímidas. Al poco tiempo, los ciudadanos que se interesaron en la historia empezaron a creer que todo consistió en una avivatada jurídica que benefició a un puñado de poderosos.

Como consecuencia, el escándalo mediático fue alimentado sin cesar, llegando incluso a dos medios de inmenso prestigio como la revista Time y el diario The Wall Street Journal. La aparición de sendos artículos en las publicaciones de gran reconocimiento en Estados Unidos no solo sacó el tema fuera de las fronteras, sino que hizo imposible la permanencia en su cargo del embajador. Pero este, en lugar de presentar a tiempo la dimisión y cortar por lo sano, prolongó su estadía en la capital norteamericana con lo cual el impacto de su caída es ahora mucho más grande que si la salida se hubiera dado hace algunas semanas.

Ahora, el Gobierno enfrenta un debate en el Congreso en el que necesita enmendar la plana. La necesidad de que sea así, tiene un punto de partida importante. En un país que tiene la memoria corta, pocos recuerdan que fue la administración Santos la que impulsó el importante proyecto de Ley de Víctimas y Tierras, con el cual se pretende corregir una injusticia histórica con los afectados por el conflicto interno. Sería irónico que después del desgaste en que incurrió la Casa de Nariño ante los sectores más recalcitrantes -incluyendo al uribismo y el Polo Democrático- ahora pase a la historia como promotora de la concentración de la propiedad rural, lo cual no corresponde a la realidad.

Pero aún más importante que una rectificación, lo fundamental es definir un modelo de tenencia de la tierra que permita la coexistencia del minifundio que se encuentra en las zonas andinas junto con la agricultura extensiva, que es la que funciona en la Orinoquia. En concreto, el país no puede caer en el falso dilema de que si permite las plantaciones de gran tamaño en la Altillanura estará dando un paso atrás en términos de equidad. Por el contrario, si se perpetúa el limbo actual, el campo seguirá tan atrasado como siempre, desperdiciando la oportunidad de volverse una potencia en producción de alimentos, tal como en su momento lo hizo Brasil.

Al tiempo que la contienda se da en el Capitolio, también se necesita que las personas y empresas cuya reputación ha sido cuestionada se defiendan. En tal sentido, ha llegado el momento de hablar para quienes creen que el bajo perfil es la respuesta cuando la temperatura política sube. Si no es así, solo una versión de lo sucedido quedará en la mente del público, algo que no les conviene a sus protagonistas, como tampoco a un Gobierno, que por descuidarse, acabó arrinconado en una esquina.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto

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