Ricardo Ávila

Un tema trabajoso

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
septiembre 01 de 2014
2014-09-01 01:10 a.m.
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El jubiloso tono con el cual un comunicado del Ministerio de Hacienda celebró el viernes pasado que la tasa de desempleo en julio llegó a su nivel más bajo desde el 2001 –cuando se empezaron a publicar tales estadísticas con periodicidad mensual–, tiene plena justificación. En una región que empieza a dar marcha atrás de manera leve, pero perceptible en sus índices de desocupación, es meritorio que Colombia continúe con una larga racha de reducciones en este agregado fundamental.

Según lo informó el Dane, la proporción de personas sin trabajo –dentro de lo que se conoce como la población económicamente activa– cayó al 9,3 por ciento al comenzar el segundo semestre, a nivel nacional. Dicho guarismo se encuentra más de medio punto por debajo de la medición de un año atrás y se ubica confortablemente en un solo dígito.

Adicionalmente, en las 13 áreas metropolitanas más grandes, el desempleo se ubicó en el 9,9 por ciento, la primera vez que llega a estar por debajo del límite simbólico del 10 por ciento para el periodo en cuestión. Como si eso fuera poco, el subempleo también disminuyó en sus distintas categorías, con lo cual es fácil llegar a una conclusión: no solo el mercado laboral sigue vigoroso en el país, con más de 21 millones de personas desempeñando diferentes oficios, sino que la calidad de los cargos generados continúa mejorando.

La causa de lo sucedido es el buen comportamiento de la demanda interna, que ha permitido que siga su marcha un círculo virtuoso. En la medida en que sectores intensivos en mano de obra se expanden gracias al consumo público y privado, el tamaño de las nóminas crece. A primera vista, esa dinámica debería seguir sobre todo cuando en los cálculos se incorporan los pronósticos de crecimiento del Producto Interno Bruto en el 2014, ahora fijados en el 5 por ciento.

No obstante, los encargados de escudriñar los datos oficiales han identificado algunos factores que no son necesariamente un motivo de alerta, pero sí al menos de atención. En concreto, los números revelan que la capacidad de la economía de crear más empleos ha venido disminuyendo.

Por ejemplo, en julio el total de ocupados subió en 1,1 por ciento (240.000 individuos) con respecto al mismo mes del 2013, que es un incremento relativamente modesto. En realidad, la caída en el desempleo se explica porque el total de inactivos –personas que salieron de la fuerza laboral– subió en 407.000 ciudadanos. Puesto de otra manera, un volumen importante de gente dejó de buscar trabajo y eso ayudó mucho a que el balance fuera positivo.

Para algunos académicos lo que sucede es normal. Más allá de que la economía marche bien, la generación de empleo no es una línea recta en ascenso, sino es una ecuación en las que existen diversos factores y que se ve influenciada por circunstancias sectoriales o locales.

Así, el sector de comercio y restaurantes ha tenido una buena época que se expresa en más contrataciones, pero en julio registró una contracción. Por su parte, la industria no levanta cabeza y es el ramo que más influye negativamente sobre la desocupación.

En lo que hace a las capitales, llama la atención que apenas ocho de 23 áreas metropolitanas mostraron un deterioro, siendo Cúcuta el caso más crítico de todos, con un índice del 15 por ciento en el trimestre móvil terminado en julio. Incluso hay que destacar las mejoras de Medellín y Cali, aparte de la de Bucaramanga, que es la ciudad con el desempleo más bajo en el país: 7,3 por ciento. Bogotá, por su parte, tiene síntomas de estancamiento que merecen un análisis más detallado.

Todo lo anterior, deja un panorama variado que –vale la pena insistir– tiene signo positivo, pero exige atención. Porque el terreno ganado en materia de empleo es el logro más importante de los últimos años y cualquier paso atrás sería muy costoso.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto
 

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