Ricardo Ávila

Territorio de contrastes

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
octubre 25 de 2013
2013-10-25 02:13 a.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/09/56ba4e7b94041.png

Que el colombiano es un territorio lleno de contrastes es una afirmación que suena a lugar común. Que esas diferencias no solo sean culturales o geográficas, sino también de dinamismo económico, es una realidad menos conocida.

Si el desarrollo del país es un tren, solo cinco regiones constituyen la locomotora que lo jalona, mientras que unos pocos departamentos funcionan como vagones desenganchados y abandonados en los rieles.

Este mapa de disparidades queda reflejado en el más reciente informe del Dane sobre las cuentas departamentales correspondientes al 2012.

El reporte está caracterizado por las profundas brechas productivas que existen entre un puñado de ejes concentradores de la actividad económica y las demás entidades territoriales.

Bogotá encabeza, de lejos, la clasificación regional, con un aporte de la cuarta parte del total de bienes y servicios del país. Si a la capital de la República se añaden Antioquia y Valle del Cauca, la suma de los tres alcanza casi la mitad del PIB nacional.

Los restantes treinta departamentos responden por la otra mitad. Un excesivo centralismo tanto pernicioso como inamovible.

Los desequilibrios se limitan no solo al tamaño del PIB y la contribución de cada uno, sino a las dinámicas de crecimiento.

Estos ritmos los sigue marcando la industria minera y de hidrocarburos. Caquetá, Córdoba y La Guajira registraron en el 2012 tasas de 11,7, 10,5 y 10 por ciento, respectivamente, más de dos veces el promedio nacional, lo cual se explica por las actividades de extracción en esas regiones.

Por otro lado, 12 economías departamentales crecieron a una tasa más baja que la media del país. Incluso Putumayo, Chocó y Arauca registraron una contracción, también atada a los sectores extractivos.

El caso de Arauca, que marcó casi 4 puntos negativos, es muy diciente. Una región que en el pasado reciente experimentó una bonanza de recursos naturales, hoy enfrenta un declive de su participación en la rama petrolera sin haber traducido las ‘vacas gordas’ en las necesarias inversiones sociales y de infraestructura, para no hablar del permanente dolor de cabeza de la seguridad.

Chocó, por su parte, se hunde en los indicadores tanto de pobreza como de bajo desempeño y falta de oportunidades, mientras que Putumayo experimenta los males y no las oportunidades de ser zona de frontera.

Las tres regiones que decrecieron son, además, teatros del conflicto interno donde la violencia golpea con fuerza.

Los datos del Dane dibujan otros dos escenarios de desbalance en Colombia: el de las actividades económicas y el de los PIB per cápita.

En el primero, minería y petróleo impulsan unas regiones atrasadas a los primeros lugares a nivel nacional en materia de crecimiento, mientras que las economías más grandes como Bogotá y Antioquia se sostienen por los servicios, la industria y la construcción.

En otras palabras, son dos naciones en una. Esta diferencia entre el país extractivo, y el de los servicios y las actividades manufactureras se revela en el ingreso por habitante. Los casanareños lideran este listado con el triple del promedio nacional, seguidos de Meta y Santander. Sin embargo, los Llanos Orientales no han podido trasladar los niveles registrados de ‘riqueza’ en mejores indicadores sociales, económicos y de competitividad para sus habitantes.

En esta ocasión, crecimiento no es sinónimo de desarrollo humano.

Una sociedad con estos abismos en tamaños, ritmos, perfiles y dinámicas no podrá garantizar oportunidades iguales a sus ciudadanos.

El peso de Bogotá es tan grande que desequilibra los comportamientos del resto del país, mientras que las bonanzas extractivas en los distintos departamentos que las han experimentado no han encontrado mecanismos institucionales fuertes para su redistribución y reinversión.

Así las cosas, no es de extrañar que semejantes disparidades económicas terminen por reflejarse en más servicios públicos, empleos, seguridad y educación para unos territorios, y olvido y corrupción para otros, que son los que abarcan la inmensa mayoría del territorio nacional.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

Twitter: @ravilapinto

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado