Ricardo Ávila

Una torta peor repartida

La desigualdad en los países de la Ocde va en alza, dice un estudio de la organización a la cual aspira a entrar Colombia.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
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Ricardo Ávila
mayo 25 de 2015
2015-05-25 12:08 a.m.
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Aquel conocido dicho popular, según el cual no es que falte la plata, sino que se encuentra mal repartida, viene de ser ratificado por los técnicos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde). Un informe publicado la semana pasada por el club de 34 naciones al cual aspira sumarse Colombia, muestra un panorama, a todas luces, inquietante.

De acuerdo con el reporte, la brecha entre ricos y pobres se encuentra en su punto más alto en tres décadas. Para ponerlo en términos esquemáticos, mientras en 1980 el 10 por ciento de mayores ingresos ganaba siete veces más que el 10 por ciento de menores recursos, para los últimos años de este siglo la proporción había saltado hasta nueve a uno.

Curiosamente, la tendencia no cambió ni durante la época de las ‘vacas gordas’, ni en la de las ‘flacas’. En los momentos de auge, los más adinerados aprovecharon mejor las oportunidades de incrementar su fortuna. Después de la crisis internacional, se protegieron mejor de la destorcida.

Es verdad que en América Latina las cosas no se movieron en el mismo sentido. Diferentes mediciones comprueban que la inequidad bajó en la década pasada, aunque la región se encuentra en un punto mucho más elevado. El conocido coeficiente de Gini, cuyos límites son cero y uno -siendo este último el de la mayor injusticia posible- es de 0,315 en los países de la Ocde. En contraste, en esta parte del mundo está cerca del 0,5, lo cual nos coloca en los peores lugares del planeta.

Pero antes de entrar en esa consideración, vale la pena destacar algunas lecciones que deja el trabajo publicado por la Organización con sede en París, las cuales, sin duda, nos conciernen. La primera es que una mala distribución del ingreso es un lastre sobre el crecimiento económico.

Adicionalmente, las políticas para cerrar la brecha -que son normalmente impuestos y gastos orientados a la redistribución de la torta- no afectan negativamente la evolución del sector productivo. Para decirlo en una frase, dejar las cosas como están es un mal negocio para todos.

Y es que el mensaje es que si el 40 por ciento pierde terreno, toda la sociedad retrocede. Para citar un caso, la evidencia demuestra que a medida que la inequidad aumenta, baja la probabilidad de que los hijos de los más pobres acaben la universidad o completen la educación secundaria.

Esa realidad tiene relación con otra. La informalidad laboral es a la vez una causa y un efecto de un coeficiente de Gini elevado. Puesto de otra manera, no basta con disminuir la desocupación, sino asegurar que la calidad del empleo sea la apropiada.

No menos importante es lo concerniente al género. La mayor participación de la mujer en la fuerza de trabajo es un factor que contribuye a bajar la desigualdad, siempre y cuando se elimine la discriminación salarial que las afecta.

Todo lo anterior sirve como insumo para el recetario que propone la Ocde. Aparte de conseguir que el empleo femenino se expanda, hay que diseñar políticas que permitan una mayor oferta de vacantes. También son clave los asuntos de habilidades y conocimientos, por lo cual la educación es elemento indispensable a la hora de impulsar la equidad. Pero quizá el remedio esencial es contar con una adecuada arquitectura de impuestos y transferencias, con el fin de recaudar de los que tienen más, para darles a los que tienen menos.

Por más obvia que parezca la fórmula, no siempre funciona. El estudio de marras incluye a Colombia en sus análisis. Aparte de que nuestro Gini es mucho más alto que el promedio citado, la conclusión es que la política fiscal que aplicamos no solo no cierra las brechas, sino que las aumenta. Ojalá el Gobierno, que está determinado a hacer la tarea para que nos acepten en el prestigioso club, tome nota y proponga remedios efectivos. Porque de lo contrario, no será posible construir una sociedad justa.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

@ravilapinto

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