Ricardo Ávila
Editorial

Trancones en la vía

El ejercicio del día sin carro es un gran experimento, pero ello no oculta que la movilidad urbana es un enorme reto para el país.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
febrero 02 de 2017
2017-02-02 10:05 p.m.
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El día sin carro, que volvió a celebrarse ayer en Bogotá, sirvió para recordarles a los habitantes de la capital lo diferente que es la movilidad en la urbe, cuando la mayoría de los conductores abandona su automóvil particular y las motos se silencian. No faltaron, claro, los atascos en la ciudad, por cuenta de la conocida ‘mancha amarilla’ –que describe a los taxis–, sumada a los demás vehículos autorizados, que no eran pocos, a pesar de que cientos de miles de personas se subieron en una bicicleta, o usaron el transporte masivo.

Las congestiones ocasionales volvieron a poner de presente que incluso en una jornada de tráfico reducido, la infraestructura es insuficiente. Hoy, que las cosas retornan a lo usual en el Distrito, la impaciencia causada por las demoras se convierte en la norma y no la excepción, sin que las soluciones drásticas aparezcan en el corto plazo.

Sentimientos similares surgen en otras poblaciones colombianas cuando tienen lugar ejercicios del mismo estilo. El alivio temporal ayuda a soñar que la realidad puede ser mucho mejor, pero el anhelo acaba siendo efímero. El motivo es que, en mayor o menor grado, los dolores de cabeza de la movilidad se han vuelto la constante, incluso en los municipios de tamaño intermedio.

La explicación no es otra que el tamaño del parque automotor, el cual sigue en aumento. El salto es considerable y desnuda la insuficiencia de las distintas infraestructuras urbanas, que no reaccionaron oportunamente para acomodar más carros en las calles o desarrollar opciones diferentes para ir de un punto a otro. Solo de un tiempo para acá se vienen haciendo ejercicios de planeación a 20 o más años, con el fin de contar con una hoja de ruta que se requiere en cada caso.

De acuerdo con los registros del Runt, el parque automotor en Colombia asciende a más de 12,5 millones de unidades.

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Aun así, tales proyecciones son recibidas con prevención en algunos casos. Buena parte de los bogotanos, por ejemplo, se niega a aceptar que el número de viviendas actuales se duplicará en las próximas décadas, lo cual exige pensar y actuar sobre las calles y autopistas que serán necesarias no solo para recortar el atraso presente, sino prepararse para el futuro. Cruzarse de brazos es la peor opción, ya sea en términos de calidad de vida, o de competitividad.

Que cada vez vendrán más vehículos es una verdad de a puño. Ayer, Fenalco y la Andi revelaron su más reciente informe del sector automotor, según el cual las ventas repuntaron ligeramente en enero, con respecto al mismo mes del 2016. Más importante quizás es que ambos gremios afirmaron que este año se matricularán 255.000 vehículos y 570.000 motos, una cifra que se encuentra lejos del récord histórico de un lustro atrás, pero que no es despreciable.

El pronóstico no debería ser ignorado por los alcaldes de las principales capitales. Más carros rodando implican exigencias adicionales, con el fin de conseguir que el tráfico fluya de manera razonable, aparte de lograr que la accidentalidad se reduzca.

De acuerdo con los registros del Runt, el parque automotor en Colombia asciende a 12,5 millones de unidades, de las cuales el 56 por ciento corresponde a motocicletas. Si los cálculos están en lo correcto, el número se incrementará en cerca de tres cuartos de millón adicionales de aquí a diciembre próximo.

Para quienes observan los cambios tecnológicos, la cuarta revolución industrial es la solución perfecta. Cuando los autos se manejen solos, o los tentáculos de la economía colaborativa se extiendan, será innecesario el vehículo particular, especialmente cuando se tiene en cuenta que este normalmente se encuentra estacionado durante la mayoría de las 24 horas del día. Ello cambiará los requerimientos y los paradigmas vigentes desde hace un siglo.

El problema es que ese momento todavía se demora. En el entretanto, hay que enfrentar el problema con obras y no solo medidas administrativas. Solo así será tolerable el tránsito, hasta que el día sin carro propio se vuelva la norma general.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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