Ricardo Ávila

¿Un triste tigre?

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
agosto 18 de 2015
2015-08-18 01:18 a.m.
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No han pasado más que tres años desde cuando Colombia fuera descrita, junto con Perú, como uno de los ‘tigres’ latinoamericanos por The Wall Street Journal. En ese entonces, la tesis del diario neoyorquino era que ambas naciones representaban la respuesta de la región a sus contrapartes asiáticas: buenas tasas de crecimiento y mejores perspectivas, que resultaban muy atractivas para los inversionistas foráneos.

Sin embargo, tal parece que al menos uno de los felinos de aquel tiempo ha sido reducido a la condición de indefenso gatito. Así lo sugiere un análisis hecho la semana pasada por JP Morgan Asset Management, una división de la entidad del mismo nombre, según la cual el país pasó a integrar el grupo de los cinco frágiles, compuesto por las economías emergentes más vulnerables a la turbulencia externa, y que más dependen de los capitales que vienen de afuera.

En dicha lista, aparte de nosotros, se encuentran México, Indonesia, Suráfrica y Turquía. Un escalón arriba están, entre otros, Brasil y Argentina, mientras que Rusia y Perú alcanzan un peldaño todavía más alto. La clasificación entre los que menos alarmas despiertan la encabezan Taiwán, Corea, Filipinas y Chile.

¿Cómo llegamos a semejante grupo, o al que designó el banco Morgan Stanley como los ‘diez emproblemados’? La explicación tiene que ver con la descolgada en los precios del petróleo, el cual representa más de la mitad de nuestras exportaciones.

Ese descenso hace aún más notorio el desequilibrio que tenemos en las cuentas externas, que se refleja en un elevado saldo en rojo en la balanza de pagos. Como si lo anterior no fuera suficiente, el impacto de esa situación sobre la salud de las finanzas públicas es notorio, algo que no pasa desapercibido por quien haya adquirido títulos de deuda pública.
Por tal razón, la lógica de quienes nos degradaron a la condición de fragilidad, es que hay riesgos que no se pueden desconocer, sobre todo si el país necesita de importantes montos de inversión extranjera para cerrar las brechas actuales. Es verdad que tales entradas no se han detenido, pero el volumen registrado en lo que va de este año es sustancialmente menor que el del 2014.

Como consecuencia, la tasa de cambio ha subido fuertemente, algo que notan propios y extraños. El peso abre negociaciones hoy con un alza del 58 por ciento con respecto a su cierre de hace 12 meses, y de algo menos del 25 por ciento en lo que va del 2015. En contraste, el salto de la lira turca ha sido del 23 por ciento, y tanto el peso mexicano, como el rand surafricano o la rupia indonesia están en el orden del 11 por ciento.

Hay maneras de explicar las causas de un ajuste tan drástico. Incluso se puede argumentar que la salud de la economía colombiana es bastante mejor que la de sus pares latinoamericanos, como lo muestra el hecho de que el desempleo sigue en descenso y las perspectivas de crecimiento superan con creces el promedio regional.

Por otra parte, no todos los analistas internacionales nos miran a través del mismo cristal. En general hay confianza en que el país será capaz de salir adelante, algo que se expresa por el margen de riesgo de los bonos públicos, que sigue siendo moderado.

No obstante, sería un error minimizar el ruido que viene de afuera. El mayor peligro de todos es aquello que se conoce como el ‘efecto manada’. Una alarma que suene a destiempo podría dar origen a una estampida que no solo sería inconveniente por los daños que produce en el corto plazo, sino por la confianza que corre el riesgo de perderse.

En efecto, las autoridades económicas tienen que hacer todo lo que esté a su alcance para enviar señales de tranquilidad.

Solo así podremos evitar que el país que antes rugía, se vuelva nada más que un triste tigre.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto

 

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