Ricardo Ávila
Editorial

Un flujo que no se detiene

La importancia de los giros enviados por los colombianos que viven en el exterior sigue en aumento: más de 14 billones en el 2016.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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POR:
Ricardo Ávila
febrero 05 de 2017
2017-02-05 05:25 p.m.
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Los vientos que soplan por estos días no son los más favorables para los emigrantes en los cinco continentes. La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos es una prueba adicional de que las sociedades más desarrolladas desean cerrar las puertas a la llegada de personas que quieren instalarse en sus territorios, ya sea de manera legal o ilegal.

Otros ejemplos están presentes. En Gran Bretaña, en donde el ‘Brexit’ sigue su marcha, el gobierno de la primera ministra Theresa May desea ser más estricto en el manejo de la movilidad de las personas. La percepción de que el tema estaba fuera de control acabó siendo determinante a la hora de decretar el divorcio con la Unión Europea, que a su vez tiene sus propios desafíos con respecto a los refugiados de África y el Medio Oriente.
Lo anterior no quiere decir que poner cerrojos resulte siempre. Razones económicas, religiosas o de seguridad siguen impulsando a una gran masa de individuos a buscar mejor suerte en otras latitudes. El flujo de gente puede disminuir en número en ciertas zonas, pero nunca termina del todo.

El impacto de dicha realidad es enorme. Según el Banco Mundial, la cantidad de gente que vive en un país diferente de aquel en que nació llegó a 251 millones en el 2015 –76 millones más que al comenzar el siglo–, lo que equivale a algo más del 3 por ciento de los habitantes del planeta.

Las remeses que vienen de Chile representaron el 4,2 por ciento del total el año pasado, seis veces más que en el 2010.

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El valor de las transferencias enviadas ese mismo año a los respectivos lugares de origen ascendió a 601.000 millones de dólares, de los cuales tres cuartas partes llegaron a naciones en desarrollo. El monto ingresado más que triplica el valor de la cooperación internacional que entregan las naciones más ricas anualmente.

Aunque Colombia no encabeza las distintas clasificaciones que se hacen, ocupa un lugar importante en diferentes tablas. El Banco Mundial afirma que hay 2,5 millones de compatriotas radicados en el extranjero, cuyas transferencias de dinero constituyen una de las principales fuentes de entrada de divisas al país.

Y el flujo sigue en aumento. Según el Banco de la República, las remesas recibidas alcanzaron un máximo histórico de 4.857 millones de dólares en el 2016, 5 por ciento más que en el año precedente. Por cuenta de la tasa de cambio, el efecto de ese volumen de recursos sobre el consumo superó los 14 billones de pesos, que no es una suma despreciable.

En materia de departamentos receptores, el Valle del Cauca sigue en el primer lugar, con 29,4 por ciento del total, seguido a cierta distancia por Antioquia, Cundinamarca y Risaralda. A las cuatro regiones mencionadas arriba, el 73 por ciento de los giros es un factor clave para el buen comportamiento de las economías locales.

No menos interesante es constatar de dónde viene la plata. Estados Unidos se consolidó en el primer lugar, con el 46 por ciento de la torta, luego de haberlo perdido durante la dura época de la crisis financiera internacional. Todo indica que la caída en la tasa de desempleo en el país del norte –inferior al 5 por ciento– es lo que explica esa dinámica.

En contraste, España perdió participación de manera notoria, así ocupe el segundo lugar en la lista, con algo menos de un 19 por ciento. Igual de llamativo es el caso de Chile, en donde cada año que pasa la diáspora colombiana aumenta de tamaño. En el 2010, la nación austral explicó el 0,7 por ciento de las remesas, una proporción que para el acumulado al tercer trimestre del año pasado había subido hasta el 4,2 por ciento.

Las cifras citadas corroboran que no podemos ser indiferentes a lo que les suceda a nuestros connacionales a lo largo y ancho del globo. Aparte de velar por que se les respeten sus derechos, las autoridades colombianas deben ser conscientes de que el estándar de vida de decenas de familias en el territorio nacional depende de lo que les manden sus parientes desde el extranjero.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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