Ricardo Ávila
Editorial

Un menor dolor de cabeza

El desequilibrio en las cuentas externas del país se redujo de manera rápida en meses recientes, lo cual nos hace menos vulnerables.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
diciembre 19 de 2016
2016-12-19 10:05 p.m.
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Es difícil encontrar por estos tiempos motivos para resaltar el comportamiento de la economía colombiana. A fin de cuentas, los reportes más recientes sugieren que la desaceleración es más fuerte de lo que se preveía meses atrás y que, incluso, sectores que se veían fuertes, como el financiero, observan con inquietud el deterioro de los índices de cartera morosa.

Por tal motivo, no faltaron los voceros gubernamentales que se apresuraron a celebrar que un problema mayúsculo se volvió mucho más manejable. Y es que según se desprende de un informe trimestral que hace el Banco de la República, el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos –que refleja el saldo neto de las transacciones que hace el país con el exterior–, cayó de forma sustancial.

Las cifras hablan por sí solas. Durante los primeros nueve meses del año, el faltante ascendió a 9.599 millones de dólares, un número inferior en 5.213 millones al registrado en igual periodo del 2015. Como proporción del tamaño de la economía, el agujero quedó en 4,7 por ciento, lo que representa una caída de dos puntos porcentuales de un calendario a otro.

Aunque al grueso del público tales guarismos no le dicen mucho, para los analistas queda claro que existe un proceso de ajuste acelerado. La razón es que en un lapso relativamente corto pasamos de tener el desequilibrio de mayor tamaño entre las 60 economías más grandes del mundo, a uno relativamente manejable. Así disminuye el color de la luz de alerta que se encendió cuando el desplome en los precios del petróleo nos dejó en condiciones de mucha vulnerabilidad.

Las causas de la corrección son varias. En primer lugar está lo sucedido con la balanza comercial, cuyo resultado sale de cruzar exportaciones e importaciones. Aunque aquí el agujero es importante, pues es el que más influye en el dato final, lo destacable es que viene en descenso. Al cierre de septiembre ascendía a 7.829 millones de dólares, y ayer el Dane reportó que al término de octubre subió a 10.066 millones. El desfase es enorme, pero en este último caso está 2.756 millones por debajo de lo registrado el año pasado.

Lamentablemente, la explicación recae parcialmente en la propia debilidad de la economía, como lo sugieren las importaciones.

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Tal vez la nota amarga del bajón en ese déficit es que la explicación proviene no de un aumento en las ventas al exterior, sino de menores compras. Hechos como el reducido apetito por maquinaria traída de afuera son un síntoma de debilidad en las expectativas de los empresarios y en la propia salud de la economía colombiana.

Por otro lado, vale la pena señalar que lo que rentan las inversiones directas que han hecho las empresas nacionales en el exterior genera sumas cada vez más grandes, mientras que lo repatriado por las multinacionales que operan en el país bajó de forma considerable. Además, las remesas de los trabajadores que envían dinero a sus familias no paran de crecer y podrían llegar este año a un nuevo máximo histórico.

Todo lo anterior hace que el monto a financiar sea menor de lo que se pensaba. Afortunadamente, los capitales foráneos siguen llegando, sobre todo para compra de empresas como sucedió con Isagen. Debido a ello, nos diferenciamos de lo que pasa en el resto de América Latina, en donde los flujos de inversión han caído, en algunos casos de manera importante.

Adicionalmente, el acceso a créditos internacionales se mantiene, aunque el sector privado acude cada vez menos a esa fuente de financiación. A menos que las condiciones afuera cambien radicalmente, el riesgo externo del país es sustancialmente menor.

Lo anterior es clave, dados los sobresaltos que pueden venir con el cambio de presidente en Estados Unidos y la mayor volatilidad prevista. Ya no somos tan vulnerables como antes, y aunque el motivo está asociado a la desaceleración de la actividad productiva en Colombia, en el 2017 las autoridades tendrán un dolor de cabeza menos intenso en esta materia. Algo es algo.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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