Ricardo Ávila
Editorial

Un problema de Estado

Ahora que está cerca de comenzar la etapa del posconflicto hay que hacer la tarea para dejar de ser una nación fallida.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
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POR:
Ricardo Ávila
septiembre 18 de 2016
2016-09-18 05:14 p.m.
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Faltan menos de dos semanas para que tenga lugar el plebiscito del 2 de octubre, en el cual los colombianos deberán pronunciarse sobre el acuerdo firmado por el Gobierno y las Farc en La Habana a finales de agosto. Las encuestas más recientes muestran una cómoda ventaja en favor del Sí, aunque es evidente que nada está definido hasta que la Registraduría entregue los resultados finales de la votación.

Propios y extraños reconocen que a partir de ese momento comenzará el verdadero trabajo, consistente no solo en poner en marcha el proceso que concluirá con la entrega de las armas por parte de la guerrilla y su conformación como partido político, sino los demás puntos contenidos en el extenso texto suscrito en la capital cubana. La jurisdicción especial para la paz y el capítulo relativo al campo son dos retos mayúsculos que demandarán enormes esfuerzos.

"Ahora que está cerca de comenzar la etapa del posconflicto hay que hacer la tarea para dejar de ser una nación fallida".

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Sin embargo, quizás el desafío más grande es conseguir que el Estado colombiano tenga una verdadera presencia en todos los confines del territorio nacional. Que hay que hacer mucho en ese sentido es algo que queda claro tras la lectura de un documento publicado a comienzos de este año por los profesores Daron Acemoglu y James Robinson, autores del conocido libro Por qué fracasan los países.

En su texto titulado ‘Caminos para instituciones políticas incluyentes’, los académicos estadounidenses se refieren extensamente a Colombia y señalan que es un “Leviatán de papel”. El nombre hace referencia al concepto de Thomas Hobbes, el filósofo inglés del siglo XVII cuya obra influyó en el desarrollo de la filosofía política de Occidente.

En pocas palabras, el argumento es que así exista un tejido estatal en el país, la capacidad de realizar las tareas que le corresponden es muy baja. Una prueba de ello es que el monopolio de las armas no opera en la práctica, no solo por cuenta de la existencia de las Farc, sino de la presencia de los paramilitares que en el pasado sometieron a vastas regiones a sus propias reglas.

Un par de ejemplos recientes demuestran que eso sigue ocurriendo. El paro armado decretado por el Eln en cinco departamentos alteró, de forma sensible, las actividades diarias la semana pasada, mientras que el Clan del Golfo ha conseguido en varias ocasiones intimidar a comerciantes y transportadores de la Costa Atlántica en lo que va del 2016, para que cierren puertas o suspendan operaciones.

"Dos académicos estadounidenses recuerdan que el gran desafío de Colombia es su gran debilidad institucional".

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Otra prueba de la debilidad, en concepto de Acemoglu y Robinson, es que el sistema fiscal no genera los recursos para sostener a un Estado moderno. Los recaudos provenientes de impuestos representan apenas el equivalente del 14 por ciento del Producto Interno, un nivel muy bajo en comparación con la media internacional. El caso es todavía más crítico cuando se mira que el 10 por ciento más pobre paga más tributos como proporción de su ingreso que el 10 por ciento más rico.

Una de las consecuencias de esa situación es que debido a la falta de plata, el número de empleados gubernamentales es el que menor peso tiene en la fuerza laboral en toda América Latina. El promedio de la Ocde es 15 por ciento, mientras que en Colombia es apenas del 4,7 por ciento. Como si esto fuera poco, la meritocracia es escasa y está sujeta al manzanillismo.

Un caso que ilustra el pobre desempeño institucional es el de la Ley de Víctimas y Restitución de Tierras del 2011, que debía devolverle a cientos de miles de desplazados las parcelas de las que fueron desalojados por la violencia. El número de sentencias es tan poco, que una entidad calculó que al paso observado se necesitarán 529 años para procesar las reclamaciones.

Todo lo anterior muestra que la tarea que falta por hacer es descomunal e involucrará el empeño de varias generaciones para que el Estado colombiano funcione. Con o sin posconflicto es obligatorio comenzar el oficio, para que no sigamos siendo una nación fallida.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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