Ricardo Ávila
Editorial

Una autopista que no se usa

El proyecto de unir con fibra óptica a casi 800 municipios del país está listo, pero el sueño de la banda ancha no se ha hecho realidad.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
septiembre 07 de 2016
2016-09-07 09:32 p.m.
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Han transcurrido cinco años desde el momento en el cual el Gobierno anunció un ambicioso programa de desarrollo de la infraestructura de telecomunicaciones, que consiste en conectar por medio de fibra óptica a 784 poblaciones del país y a 2.000 instituciones públicas. Tras un concurso abierto, la firma escogida fue Azteca, propiedad del magnate mexicano Ricardo Salinas Pliego, que comenzó labores poco después.

Las obras se han desarrollado según lo acordado, de manera que se han tendido cerca de 20.000 kilómetros de cable a lo largo y ancho de la geografía nacional, tras una inversión cercana a los 400 millones de dólares. Sobre el papel, tres cuartas partes de las cabeceras municipales quedaron con la posibilidad de acceder a la banda ancha fija, que es aquella con velocidad superior a un megabyte por segundo al momento de hacer descargas.

En la práctica, sin embargo, la situación es muy diferente, pues son relativamente pocos los casos en los cuales existe eso que se conoce como la última milla, que es la que equivale a unir el tubo madre del acueducto con las instalaciones de la casa. Debido a esa circunstancia, la red cuenta con menos de 200.000 usuarios, que es una fracción de los cálculos iniciales.

El proyecto de unir con fibra óptica a casi 800 municipios del país está listo, pero el sueño de la banda ancha no se ha hecho realidad.

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El asunto se torna más complicado cuando se miran las cifras de la filial colombiana de Azteca, cuyos números no son los esperados, pues no solo la cantidad de clientes es baja, sino que la devaluación del peso desfasó todas las proyecciones. Aunque la firma asegura que llegará al punto de equilibrio el próximo año, hoy por hoy es la dueña de una gran autopista por la que pasan muy pocos carros, sobre todo porque no cuenta con los ramales que le permitan incorporar más vehículos, pues son responsabilidad de terceros.

Debido a ello, existe el peligro real de que el país quede en el peor de los dos mundos, al haberse gastado millonarios recursos en desarrollar un tejido que permitiría cerrar la brecha digital que separa a las zonas más ricas de las más apartadas, sin la capilaridad que facultaría que mucha gente lo use. Esa perspectiva prolongaría un desequilibrio que condena a vastas áreas de Colombia al atraso, pues la posibilidad de acceder a internet con buena velocidad sería mínima.

En respuesta, la administración señala que está trabajando en el tema con el fin de encontrar una solución, pero no parece muy urgida. Parte del problema es que las cifras globales muestran que hemos crecido mucho en la penetración de banda ancha, por lo cual somos descritos como un caso de éxito en América Latina.

"Tal parece que en lugar de arreglar los problemas que hay con la iniciativa, el Ejecutivo explora la opción de la banda ancha móvil".

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Una mirada más detallada a las estadísticas, sin embargo, muestra que el gran auge tiene que ver con el despliegue de la telefonía móvil y no de las conexiones fijas. Dada la creciente penetración de los teléfonos inteligentes, los números se ven muy bien, aunque las velocidades efectivas entre una y otra opción no son todavía equiparables.
De hecho, si se ajustara la definición de banda ancha por encima de los dos megabytes –o de 10 como ocurre en algunas naciones–, pasaríamos de la vanguardia a la retaguardia en la región.

La manera de evitar un descalabro, entonces, es la de tener una política para desarrollar la banda ancha fija usando la infraestructura que hay, sobre todo cuando ya se hizo la parte más difícil del trabajo. No obstante, un anuncio hecho en el reciente foro de Andicom por el Viceministro de las TIC, da para pensar que el Ejecutivo está en otro cuento.

Según el funcionario, el plan es gastar 260.000 millones de pesos para entregar celulares por 6.000 pesos a usuarios de pocos recursos, que incluirían el equipo, redes sociales y de mensajería ilimitadas, y una franja de navegación gratuita de 11 de la noche a 5 de la mañana. La idea tiene adeptos, y nadie se va a oponer a que le regalen un teléfono en el que pueda chatear a su antojo, pero de ahí a que así se cierre la brecha digital, esa es otra historia.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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