Ricardo Ávila
Editorial

Una dosis de cabeza fría

Tras conseguir que no se revise el modelo económico, mal haría el Gobierno si escucha
a quienes le aconsejan dar un salto al vacío.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
septiembre 26 de 2016
2016-09-26 08:39 p.m.
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Hacía tiempo que los colombianos no se mostraban tan positivos sobre el futuro del país, como lo reveló este lunes un sondeo de la firma YanHaas. De acuerdo con la encuesta, que le mide semanalmente el pulso a la opinión, 34 por ciento mira con optimismo el porvenir, mientras que 27 por ciento cree que las cosas van por mal camino. La diferencia no parece significativa, pero es la primera vez, en lo que va del 2016, que el negativismo pierde de forma clara la batalla.

Es probable que la brecha incluso se amplíe por cuenta de la euforia que despertó lo ocurrido en la tarde de este lunes en Cartagena, cuando sonaron con fuerza los acordes del Himno a la Alegría tras el acto de rúbrica del acuerdo entre el Gobierno y las Farc. Lo anterior sugiere que hay un giro en el talante de la gente que puede impulsar desde expectativas más altas hasta una propensión mayor de los consumidores a concretar gastos que estaban aplazados.

La emoción es explicable, pero como siempre pasa en estos casos, vale la pena mantener la cabeza fría. Hay que recordar que lo más difícil es cumplir con lo pactado, y que lo sucedido en la víspera significa apenas el fin del comienzo. Así se haya repetido hasta el cansancio, construir la paz requerirá el sacrificio de varias generaciones y el compromiso de esta y las administraciones que vengan.

"Tras conseguir que no se revise el modelo económico, mal haría el Gobierno si escucha a quienes le aconsejan dar un
salto al vacío".

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En lo que respecta a la economía, la ruta es una sola. Tal como lo señaló en la Heroica la propia Christine Lagarde, es fundamental mantener “la estabilidad macroeconómica y la sostenibilidad fiscal” en la etapa que empieza. Tirar por la borda la ortodoxia sería como abrir una caja de Pandora con consecuencias indeseables que, tarde o temprano, pasarán su cuenta de cobro.

La admonición es válida a la luz de las posturas de diferentes analistas que propugnan por el relajamiento de ciertos parámetros. Si bien es cierto que las circunstancias son únicas, hay principios que no se pueden abandonar. El motivo es que el posconflicto debe edificarse sobre cimientos sólidos, algo que solo se logrará si se mantiene la rienda corta.

Por ejemplo, un sector de la opinión defiende las prácticas proteccionistas. En momentos en los cuales la producción nacional avanza a un ritmo mediocre suena muy atractivo levantar barreras en favor de las fábricas y los agricultores locales. No obstante, como viene de demostrarlo Maurice Obstfeld, del FMI, elevar los aranceles causa más perjuicios que ventajas.

De otro lado, no faltan los cuestionamientos a la regla fiscal que, en términos prácticos, le impone una camisa de fuerza a las finanzas públicas. Quienes argumentan que vale la pena relajar los compromisos adquiridos sobre el tamaño del saldo en rojo de las cuentas estatales, insisten en que otros se han salido con la suya sin llegar a tantos sacrificios. Subir el endeudamiento, afirman los que defienden la idea, permitiría adelantar programas de gasto que podrían apuntalar el crecimiento.

"Quitar los seguros que existen sobre ciertas variables, les abriría la puerta a riesgos que ahora no vale la pena correr".

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El planteamiento tiene relación con la idea de posponer indefinidamente la reforma tributaria, que actuará como una especie de balde de agua fría cuando se presente a comienzos de octubre. En medio del entusiasmo derivado de la posibilidad de la paz, pocas cosas serían tan anticlimáticas como la intención de aumentar el IVA u obligar a cientos de miles de personas a declarar renta.

Aunque acabar de súbito con la fiesta tiene muy poco de atractivo, la verdad es que aplazar las decisiones difíciles no es la ruta a seguir. A fin de cuentas, el impresionante avance en los indicadores sociales de esta primera parte del siglo se apoya en el esfuerzo de conservar la casa en orden.

Quitar los seguros les abriría la puerta a riesgos que no vale la pena correr. Después de haber triunfado en La Habana con el argumento de no cambiar el modelo económico, mal haría el Gobierno si escucha a quienes les aconsejan dar un salto al vacío.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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