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Ricardo Ávila
Editorial

Una moneda blanda

La sustitución de bolívares que valen poco por otros de denominación más alta, es una muestra más de la debacle venezolana.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
diciembre 13 de 2016
2016-12-13 09:03 p.m.
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Como si los venezolanos no tuvieran que hacer suficientes filas con el fin de adquirir alimentos, medicinas y otros artículos de primera necesidad, este miércoles se sumó una nueva incomodidad a la lista. El motivo fue una decisión del gobierno de Nicolás Maduro de sacar de circulación el billete de 100 bolívares, hasta ahora el de mayor denominación, que representa casi la mitad del circulante en el vecino país.
 
A primera vista la justificación es de naturaleza práctica, pues cualquier compra le exigía a los ciudadanos llevar verdaderos fajos y en ocasiones bolsas o maletas. El esfuerzo de contar los pagos de mayor cuantía condujo a más de un comerciante a pesar la cantidad entregada, dado que cada billete equivale a menos de dos centavos de dólar.

La razón de la pérdida de valor del circulante no es otra que la inflación, considerada como una de las más elevadas del mundo. Según el Fondo Monetario Internacional, el alza en los precios sería cercana al 500 por ciento en el 2016, aunque un profesor de la Universidad Johns Hopkins afirma que solamente en noviembre dicho guarismo ascendió a 221 por ciento.

Por tal motivo, los expertos ven con escepticismo el intento de lanzar nuevos billetes que irán hasta los 20.000 bolívares. El problema es que el alivio tendría efecto limitado si la carestía sigue haciendo de las suyas.

De nuevo Nicolás Maduro vuelve a argumentar una conspiración cuyo propósito sería debilitar el régimen bolivariano.

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No obstante, ese no es el verdadero inconveniente. El lío es que Caracas dio un plazo de apenas tres días para hacer la conversión de los billetes de 100 bolívares, tras los cuales habrá un término adicional, pero solo en las instalaciones del Banco Central. Una vez se cumpla la fecha límite, el papel no servirá para nada, lo cual explica la urgencia de la gente, comenzando por aquellos que no tienen una cuenta bancaria.

Para acabar de enredar la madeja, el cronograma vino acompañado de la determinación de cerrar la frontera con Colombia durante 72 horas. El argumento del mandatario venezolano es que hay una conspiración a cargo de varias mafias que, con el apoyo de Washington, planeaban dejar sin efectivo a la economía bolivariana.

La justificación de por qué alguien quisiera acumular un circulante que cada día pierde terreno no es clara. Lo que sí es evidente, por ahora, es que entre los potenciales damnificados se encuentran los comerciantes y los cambistas colombianos que recibían bolívares de la denominación que expira y ahora se ven en una sin salida, pues no pueden pasar al otro lado a hacer el reemplazo. Ese es el motivo por el cual la Cancillería expidió un comunicado ayer pidiendo que la sustitución se hiciera de otra forma, dándole una salida a los tenedores de buena fe.

Lamentablemente, es dudoso que Maduro escuche los llamados que se le hacen desde Bogotá. La justificación del enemigo externo es la única que le sirve para convencer a sus partidarios de que las afugias que enfrenta Venezuela son culpa de otros, sobre todo en vísperas de una Navidad en la que hay poco para celebrar.

Contra lo que pudiera creerse, lo sucedido ha endurecido las posiciones en la zona limítrofe. Por ejemplo, la dirigencia en Cúcuta favorece que el cierre se prolongue, pues la ilegalidad otra vez hace de las suyas. Puede ser que los pimpineros no se vean como antes, pero el tráfico de gasolina se volvió a disparar, aparte del contrabando de carne y otros productos.

Semejante propuesta, aunque dura, debería ser considerada por el Gobierno. Así ciertos almacenes se hayan beneficiado de la llegada masiva de compradores del otro lado, hay consecuencias indeseables como el aumento en la inseguridad, que merecen un procedimiento más ordenado. De lo contrario, hacerle el juego a Maduro y dejar que maneje las cosas a su arbitrio, contribuirá con la inestabilidad de una zona afectada por los caprichos de un gobernante dispuesto a todo para mantenerse en el poder, mientras los justos pagan por los pecadores.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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