El viento ya no sopla igual | Editorial | Opinión | Portafolio
Ricardo Ávila

El viento ya no sopla igual

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
abril 18 de 2013
2013-04-18 04:16 a.m.
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A lo largo de las semanas pasadas, las preocupaciones en torno a la marcha de la economía colombiana se han centrado en la relativa debilidad de la demanda interna. Diferentes mediciones han dejado en claro que tanto el ánimo de los consumidores como el de los empresarios se ha oscurecido, con lo cual está en entredicho la consecución de la meta de crecimiento de 4,8 por ciento para el 2013.

Ahora, a dichas inquietudes hay que agregarle el comportamiento de las cotizaciones de los tres principales productos que exporta el país. Y es que en lo que va del año, los precios de hidrocarburos y minerales han descendido de forma notoria.

Por ejemplo, la variedad Brent de petróleo que sirve como referencia para las ventas de crudo colombiano, cerró ayer en 97,7 dólares el barril, que equivale a una descolgada cercana al 18 por ciento en lo corrido del 2013. La disminución de las tensiones en el Medio Oriente, al igual que el mayor ritmo de producción en Estados Unidos, se han sentido en la oferta. Al mismo tiempo, la mezcla de un crecimiento económico moderado y la mayor eficiencia de los motores de gasolina han impedido que el consumo suba mucho.

A su vez, el carbón se ha mantenido estable, en alrededor de 57 dólares la tonelada, pero con posibilidades de disminuir por cuenta de la competencia del gas natural y las restricciones que enfrenta en el mercado europeo.

Como si eso fuera poco, el tropiezo que sufrieron las exportaciones del mineral en febrero, cuando se hizo efectiva la suspensión de operaciones en el puerto de Drummond y se sintió la huelga de Cerrejón, obligaron a ambas empresas a usar la cláusula de la fuerza mayor para no cumplir con los pedidos recibidos. El problema es que recuperar los compradores que tuvieron que sustituir esas órdenes no es fácil, sobre todo en un mercado debilitado.

Para completar la terna, hay que mencionar el caso del oro, que ha bajado en más de 16 por ciento desde finales del 2012. La onza troy del metal concluyó la sesión de ayer en 1.374 dólares, tras recuperar algo de terreno. Aun así, el retroceso ha sido de casi 300 dólares en el último año, pues las menores preocupaciones en torno al futuro del euro y el alza en los valores de las acciones que se transan en las naciones más desarrolladas, han llevado a los inversionistas a desprenderse de sus inventarios, para preferir opciones que consideran más rentables.

Los tres productos mencionados representaron, al cierre del primer bimestre, el 72 por ciento de los 9.452 millones de dólares exportados por Colombia. A la luz de la marcha de las cotizaciones, no se necesita ser un experto en estos asuntos para darse cuenta de que lo más probable es que la facturación caiga. Es verdad que la extracción de crudo y oro ha subido ligeramente, pero el alza no es suficiente para compensar lo ocurrido con los precios.

En respuesta, alguien podría decir que la situación puede cambiar de un momento a otro. De hecho, el petróleo estuvo en niveles elevados a comienzos del 2013, con lo cual un panorama diferente no se puede descartar de plano.

Sin embargo, aun admitiendo la posibilidad de un evento traumático en algún lugar del mundo, es mejor ser realistas y aceptar que al tiempo que los suministros de los principales bienes primarios se han normalizado, la demanda sigue débil. Tal circunstancia puede tener efectos sobre el crecimiento económico de Colombia, no solo por cuenta de la velocidad de la locomotora minera, sino por la capacidad del Gobierno de mantener una política expansiva de gasto en los años por venir.

Y es que al fin de cuentas, los impuestos que pagan las compañías del sector son la principal fuente de los recaudos tributarios, a lo cual hay que agregar el impacto de las regalías en las regiones. Debido a ello, más vale dejar de hacer cuentas alegres, ahora que el viento a favor ya no sopla con la misma fuerza de antes.

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