Ricardo Ávila

Visa para un sueño

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
febrero 05 de 2013
2013-02-05 02:11 a.m.
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El presente año podría ser clave para quienes viven ilegalmente en Estados Unidos. En su discurso de posesión del pasado 20 de enero, el propio Barack Obama tocó el tema: “nuestro viaje no finalizará hasta que encontremos una mejor forma de dar la bienvenida a los esperanzados y abnegados inmigrantes que aún nos ven como una tierra de oportunidades”, dijo. Diez días después, el mandatario ratificó que esta será una de las prioridades de su segundo mandato: “el tiempo para una reforma integral y con sentido común ha llegado y es ahora”, agregó.

Que algo pase en ese campo, es trascendental, sobre todo en un territorio que tiene la doble condición de ser una nación construida por oleadas de extranjeros y, al mismo tiempo, contar con 11 millones de personas indocumentadas. Muchos sectores de la economía norteamericana, como la construcción, la agricultura y los servicios, se construyeron e impulsaron sobre los hombros de los ilegales. Al mismo tiempo, universidades, empresas tecnológicas y centros de investigación han atraído por muchos años brillantes estudiantes, ingenieros y científicos, que han fortalecido su capacidad innovadora.

A pesar de esas notorias ventajas, el sistema vigente hoy es un desastre. Empresarios tan reconocidos como Bill Gates se quejan de la falta de profesionales especializados en las áreas de tecnología de punta, mientras que millones de personas menos calificadas sienten con temor la amenaza de ser deportadas. 

Y hay que añadir la triste situación de hijos de indocumentados, cuyo derecho a la educación es negado, y de salidas de corte represivo como la construcción de muros y el despliegue de patrullas fuertemente armadas en la frontera con México. En resumen, las leyes migratorias de Washington funcionan mal.

En tal sentido, es claro que hay que cambiar las cosas. Pero la razón del interés de la Casa Blanca por revivir el tema es política. De los más de 40 millones de personas nacidas en el extranjero que hoy habitan en Estados Unidos, un poco más de la mitad provienen de América Latina, y uno de cada tres es de origen mexicano. En la lista de las 15 nacionalidades más frecuentes dentro de la población extranjera residente hay siete de la región, siendo una de ellas Colombia. Un informe del centro Pew muestra que unos 655.000 compatriotas, legales e ilegales, viven el ‘sueño americano’.

El peso electoral de la población hispana, que incluye ciudadanos con capacidad de votar, ha venido aumentando sin parar. De hecho, su importancia es aún mayor en estados claves para definir las elecciones presidenciales como Florida, California, Texas y Nueva York. 

En las últimas dos campañas a la Casa Blanca, los hispanos respaldaron abrumadoramente a Obama. Los demócratas, el partido del Presidente, son vistos como más cercanos a los inmigrantes que la oposición republicana. Estos últimos, a su vez, quieren recuperar el apoyo de este segmento y han virado hacia una postura más favorable a los cambios. Dado que a ambos les conviene seducir a los latinos, no hay mejor momento para impulsar la reforma migratoria.

Sin embargo, el tema no es fácil. Si bien el ambiente político es propicio, los detalles de la legislación son espinosos. Esta debe definir un camino claro y sencillo para que cientos de miles de indocumentados regularicen su situación, lo que implica algún grado de ‘amnistía’. 

Frente a las cuotas en las visas de trabajo, hay temor de que muchos puestos se queden en manos extranjeras cuando en Estados Unidos el desempleo es alto. Como este, hay otros asuntos que auguran un pulso fuerte en el Congreso, con lo cual el entusiasmo de hace unos días se ha moderado.

Pero lo cierto es que los astros están alineados para que la reforma migratoria tenga su momento político ahora. Y esto podría beneficiar a millones de latinoamericanos y a cientos de miles de colombianos que ven abrirse una puerta que lleva mucho cerrada. 

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