Ricardo Ávila
Editorial

Volver realidad el sueño

La entrega del plan maestro de la Orinoquia es un paso en la senda correcta, pero los desafíos que restan son inmensos.

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
septiembre 20 de 2016
2016-09-20 08:18 p.m.
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Basta con mirar un mapa de Colombia para darse cuenta de que la región conocida como la Orinoquia –integrada por siete departamentos– es tal vez la zona con mayor potencial de desarrollo. El motivo es vastas extensiones de tierra cultivable, combinadas con una abundancia de fuentes hídricas, la convierten en un área que podría convertir a Colombia en un gran exportador de alimentos, después de atender sus necesidades internas.

Las cifras son elocuentes. Según las cuentas del Gobierno hay 15,1 millones de hectáreas con potencial agropecuario, de las cuales una parte importante se puede dedicar al segmento agroforestal y 31 por ciento a la ganadería, que es la que ocupa más espacio. En cuanto a extensiones sembrables, se han identificado casi 3,7 millones de hectáreas, de las cuales apenas se usa 19 por ciento, especialmente en palma de aceite y arroz.

La entrega del plan maestro de la Orinoquia es un paso en la senda correcta, pero los desafíos que restan son inmensos.

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Semejante grado de subutilización no se debe a la falta de posibilidades. Los rendimientos obtenidos en cultivos de plátano y cacao superan con comodidad los de Uganda y Costa de Marfil, respectivamente, que son los primeros productores a nivel mundial. En cuanto a soya, la distancia no es muy grande frente a Estados Unidos, que en esta materia es líder global. Por su parte, hay un rezago considerable en arroz y maíz, aunque se han documentado casos de rendimientos óptimos en explotaciones que utilizan tecnología avanzada, desde semillas hasta métodos de siembra y técnicas de riego.

Conseguir una productividad alta no es barato. En general, el terreno es demasiado ácido, por lo cual se requieren inversiones importantes para modificarlo a través del uso de la cal y otros nutrientes. Solo con el paso de los años y tras esfuerzos constantes se logra una capa vegetal aceptable que permite obtener buenas cosechas.

Sin embargo, el potencial está ahí. La demostración más cercana es la del Cerrado, en Brasil, que transformó la realidad alimenticia de la nación más grande de América Latina. En caso de que algo cercano pase en la Orinoquia no solo le cambiaría la cara a una región, en donde la pobreza rural afecta al 77 por ciento de sus habitantes, sino a la economía colombiana.

En tal sentido, vale la pena celebrar la presentación del plan maestro de la zona, hecha ayer por Planeación Nacional. El trabajo es la continuación de la senda iniciada por el Conpes hace un tiempo, lo cual sirve para identificar desafíos y permite la formulación de una serie de proyectos estratégicos con dineros de la cooperación internacional.

Entender los retos es definitivo. Quienes saben del asunto señalan que la agenda de desarrollo de esa parte del país comienza por aclarar los títulos de propiedad de la tierra y adelantar un programa de mejoramiento de vías terrestres y fluviales, dado que actualmente existe un aislamiento virtual que se convierte casi en total en los meses de invierno.

Tal vez el mayor enredo es el manejo de los baldíos que, técnicamente, son de la nación pero, que en la práctica, se encuentran ocupados, algunos de ellos durante generaciones. Las limitaciones legales sobre quienes pueden ser beneficiarios son amplias, y la justicia no ha servido para aclarar el panorama. Mientras eso no pase, conseguir el interés de inversionistas que exigen un grado mínimo de seguridad jurídica será imposible, incluso si la Corte Constitucional le da luz verde a la Ley de Zidres.

Es en el desarrollo de la agricultura donde se encuentran las posibilidades más grandes de cambiarle la cara a la región.

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La conectividad también es fundamental, pues la carretera pavimentada llega a Puerto Gaitán, en el Meta, y el sueño de conectar a Puerto Carreño todavía se ve lejano. Eso para no hablar de los 5.973 kilómetros de red secundaria y los 12.460 de red terciaria que se deben mejorar.

Lo anterior no incluye desafíos medioambientales, sociales, étnicos y de violencia, entre otros. Comenzar con la tarea está muy bien, pero volver el sueño de la Orinoquia en realidad –y no en pesadilla– es algo que demandará mucho trabajo.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

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