Ricardo Ávila

La voz del pueblo

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
julio 07 de 2015
2015-07-07 04:30 a.m.
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Han transcurrido unos 24 siglos desde cuando Pirro, rey de Epiro, entró en los anales de la historia militar al ser considerado uno de los mejores generales de su tiempo. Tanto sus triunfos en zonas de la que hoy es Grecia, como sus ataques en la bota Itálica, lo destacaron entre sus pares. Sin embargo, el monarca es más recordado por dar origen a la expresión ‘victoria pírrica’, que hace relación con esos éxitos que se consiguen a un costo muy elevado.

El término ha vuelto a ser desempolvado, después de la contundente victoria que obtuvo el ‘No’ en las elecciones griegas del domingo pasado. En una contundente muestra de respaldo al primer ministro Alexis Tsipras, la ciudadanía rechazó la propuesta que había presentado la Unión Europea a finales de junio, con el fin de darle apoyo financiero a la nación helénica. Ahora este dice tener la legitimidad requerida para exigirles a sus colegas del bloque comunitario un tratamiento más favorable.

A primera vista, es difícil disputarle a Atenas que le cabe más que algo de razón. Las sucesivas recetas de austeridad han llevado a que la economía de Grecia se contraiga 27 por ciento frente al nivel que tenía en el 2007, dejando innumerables secuelas de todo tipo. El desempleo supera el 25 por ciento y uno de cada dos jóvenes no tiene trabajo. La cartera vencida en las entidades financieras supera el 30 por ciento y, en general, la actividad productiva se encuentra postrada.

Como si lo anterior fuera poco, la deuda pública equivale al 180 por ciento del Producto Interno Bruto. Un análisis reciente del Fondo Monetario Internacional señala que ese volumen de obligaciones es impagable, con lo cual habría que comenzar con un recorte de casi una tercera parte de las acreencias. Si la solidaridad tiene expresión práctica, este sería el momento en el cual los habitantes del Viejo Continente le deberían dar la mano a 11 millones de sus congéneres.

Lamentablemente, la situación no es tan sencilla. Para una buena proporción de los europeos, Grecia se encuentra dónde está, debido a la irresponsabilidad de sus gobernantes y a los excesos cometidos en materia de gasto. Condiciones generosas a la hora de jubilarse, corrupción e índices de evasión elevados forman parte de un lío que, en términos prácticos, acabarán pagando, en parte, los contribuyentes del bloque comunitario.

Como si esto no fuera suficiente, la confianza que Tsipras despierta entre sus colegas es poca. Con el fin de disminuir las tensiones, el mandatario entregó ayer la cabeza de su ministro de Finanzas, Yanis Varoufakis, pero los discursos pronunciados la semana pasada estuvieron acompañados de dardos que dejaron heridas en más de una capital.

En consecuencia, el mensaje es que Atenas debe remitir una propuesta en cuestión de horas, la cual debe ser “precisa” y “duradera”, según lo recordaron ayer la Canciller de Alemania y el Presidente de Francia. Este último agregó que es necesario encontrar un balance entre “solidaridad y responsabilidad”, algo equivalente al refrán de ‘ayúdate que yo te ayudaré’.

No obstante, el tiempo apremia. Para comenzar, los bancos griegos –que han limitado el retiro de efectivo en los cajeros automáticos a 60 euros diarios– se están quedando sin efectivo. Un arreglo tiene que darse muy rápido, para que las líneas de emergencia que puede dar el Banco Central Europeo eviten la debacle.

Ello solo será posible con un programa creíble que implique más disciplina y sacrificios. Españoles, portugueses o irlandeses, que se han tomado varias dosis de la amarga medicina, dicen que están dispuestos a ayudar, si el enfermo pone de su parte. Pero en caso de que Tsipras se cierre a la banda y haga más exigencias, va a encontrar cerradas las puertas. Y como Pirro, el primer ministro griego descubrirá que su victoria, a la hora de la verdad, puede ser la antesala de una gran derrota.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
Twitter: @ravilapinto

 

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