Zona de turbulencia Carta del director Editorial | Editorial | Opinión | Portafolio
Ricardo Ávila
Editorial

Zona de turbulencia

La huelga de pilotos que afecta parte de las operaciones de Avianca impide la prestación de un servicio público esencial. 

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
POR:
Ricardo Ávila
septiembre 20 de 2017
2017-09-20 09:05 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/09/56ba4e7b94041.png

A comienzos de agosto, cuando los pilotos que forman parte de la Asociación Colombiana de Aviadores Civiles, más conocida como Acdac, presentaron su largo pliego de peticiones a las directivas de Avianca, la primera reacción fue de incredulidad.

Exigencias como reducción de la jornada laboral, un par de días de teletrabajo cada dos semanas, tiquetes gratis para familiares, pago de la mayoría de la carga tributaria por parte de la empresa o un auxilio para el internet o teléfono, entre otras, fueron calificadas como inviables por la compañía.

El motivo es que el costo del pliego de 82 puntos se tasaba en centenares de millones de dólares que harían imposible la supervivencia de la aerolínea, cuyas finanzas han sentido el rigor de la desaceleración observada en las principales economías latinoamericanas donde opera. Si bien un rígido programa de control de costos combinado con un esfuerzo de mayor eficiencia llevaron a resultados que sorprendieron positivamente a los analistas a lo largo de los meses pasados, la recuperación todavía no termina, así tenga una prognosis favorable.

Citas de negocios, viajes de placer, congresos o reuniones tendrán que ser canceladas, aplazadas o reprogramadas

COMPARTIR EN TWITTER

Esa perspectiva ha quedado, sin embargo, en veremos. El comienzo de la huelga decretado a las cuatro de la mañana de este miércoles abre interrogantes serios sobre cuáles pueden ser las consecuencias de una parálisis que, a pesar de ser parcial, golpeará los ingresos de la firma y les traerá incontables incomodidades a miles de pasajeros diarios. Las 150 cancelaciones de vuelos vistas en las pantallas de los aeropuertos nacionales en la víspera dejaron en claro que nadie saldrá indemne de esta etapa que comienza.

Por tal motivo, lo que procede es hacer votos para que los bandos en disputa se sienten alrededor de la mesa y logren solucionar sus diferencias. El problema es que pensar con el deseo no sirve para desatar un verdadero nudo gordiano, a menos que la justicia declare cuanto antes la ilegalidad de la suspensión de actividades. La pregunta es si los tribunales responderán con rapidez y acogen los argumentos sobre los impedimentos a la prestación de un servicio público esencial.

El asunto se complica porque el motivo real de la disputa es la existencia de una agremiación que no sigue los preceptos de Acdac y a la cual están vinculados algo menos de la mitad de los pilotos de la aerolínea. Para el sindicato, el criticable objetivo es que desaparezca la organización paralela, lo cual le daría un poder de negociación todavía mayor frente a la gerencia. Esta última sabe del riesgo sistémico que habría si un grupo de poco más 700 personas tiene en sus manos el destino de una organización que emplea a casi 9.000 trabajadores.

Y la controversia no se limita únicamente a la empresa. Por las características del servicio que presta Avianca, la lista de damnificados puede llegar a ser inmensa. Citas de negocios, viajes de placer, congresos o reuniones familiares tendrán que ser canceladas, aplazadas o reprogramadas por la fuerza de las circunstancias. Es verdad que hay otras opciones en el mercado, pero llenar el vacío de la línea aérea más grande del mercado no es algo que pasa de la noche a la mañana.

Ante esto, el Gobierno está obligado a tomar cartas en el asunto, pues la crisis desborda al Ministerio del Trabajo. Si el paro se prolonga, la insatisfacción de la opinión con la situación del país no hará más que aumentar, para no hablar del peligro de que las esperanzas de una tímida recuperación de la actividad productiva tengan que posponerse.

En conclusión, vale la pena que la Casa de Nariño se involucre directamente a ver si logra que los antagonistas de hoy logren entrar en razón, para así llegar a un acuerdo más temprano que tarde. De lo contrario, lo que viene es una zona de mucha turbulencia, sin que el hecho de abrocharse los cinturones de seguridad sea suficiente para tranquilizar a los pasajeros de este avión, con la bandera de Colombia en su fuselaje.

Ricardo Ávila Pinto
ricavi@portafolio.co
@ravilapinto

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado