Ricardo Ávila

La zona más promisoria

Ricardo Ávila
Director de Portafolio
Editorial
POR:
Ricardo Ávila
mayo 15 de 2015
2015-05-15 03:20 a.m.
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Aquello de que ‘no hay cuña que más apriete que la del mismo palo’ fue experimentado esta semana en carne propia por Barack Obama. En momentos en que la Casa Blanca buscaba en el Senado en Washington una autorización para poner a consideración del Congreso tratados comerciales en bloque –que no pueden ser discutidos cláusula por cláusula, sino aprobados o rechazados integralmente–, los legisladores de su propio partido, el Demócrata, le jugaron una mala pasada.

Y es que la administración resultó derrotada en una votación que acabó teniendo más carácter simbólico que real. No obstante, el revés es lo suficientemente fuerte para poner en entredicho una estrategia cuyo fracaso tendría hondas repercusiones para Estados Unidos.

El tire y afloje está relacionado con las negociaciones en torno a la Alianza Transpacífica, más conocida por como TPP, por su acrónimo en inglés. El esquema prevé profundizar los vínculos entre una docena de naciones vecinas del Océano que comparten América y Asia. Más de allá de una rebaja de aranceles, la estructura propuesta abarca asuntos que van desde la propiedad intelectual hasta el tratamiento de las inversiones foráneas.

Para los defensores del libre comercio, la idea es buena. El peso combinado de los integrantes del club en el intercambio global asciende a 40 por ciento. A falta de avances importantes en el seno de la Organización Mundial de Comercio, esta opción se presenta como lo suficientemente atractiva.

De acuerdo con un estudio, el efecto de poner en marcha el tratado, llevaría a la economía del planeta a crecer en 600.000 millones de dólares adicionales, suma que equivale a una vez y media el Producto Interno Bruto anual de Colombia. Los grandes ganadores serían estadounidenses y japoneses, pero en América Latina también peruanos y chilenos se han mostrado partidarios del TPP.

El problema es que esa visión no es unánime. Dos conocidos gurúes, que no siempre están del mismo lado, han expresado sus dudas con respecto al modelo propuesto. El nobel de Economía, Paul Krugman, dijo que los beneficios serían mínimos. Y el también galardonado Joseph Stiglitz ha ido mucho más allá al señalar que lo que sería positivo para un puñado de multinacionales, no necesariamente les conviene a los ciudadanos de las naciones involucradas.

Si bien la opinión pública norteamericana parece estar mayoritariamente a favor de la idea, en los círculos políticos las cosas son distintas. Los demócratas, que hoy forman parte de la minoría en ambas cámaras del Capitolio en Washington, han expresado sus reservas. La percepción es que puede haber una pérdida neta de puestos de trabajo, visión que es compartida por los sindicatos más poderosos, ante lo cual la precandidata Hillary Clinton ha guardado un prudente silencio.

Por su parte, los republicanos tienen una mayor afinidad conceptual con el libre comercio. Sin embargo, dado el nivel de polarización que existe entre las dos colectividades tradicionales, no hay mucho ánimo de sacarle las castañas del fuego a Obama. Hacer quedar mal al Presidente, sobre todo en el ámbito internacional, suena muy tentador, especialmente cuando se aproxima la temporada electoral en la cual los votantes deberán elegir a su sucesor.

Mientras todo ello ocurre, más de uno mira los toros desde la barrera. China, que ha sido excluido del TPP, vería con buenos ojos un descarrilamiento. Los europeos, que se han embarcado en una ambiciosa negociación con Estados Unidos, decidirán si tanto esfuerzo vale la pena.

Y lo que pase no le puede ser indiferente a nadie, incluido Colombia, que no tiene intención de formar parte del esquema. Es indudable que si el tratado sale adelante, los socios que tenemos en la Alianza del Pacífico quedarían con una ventaja frente a nosotros, en la zona que se describe como la más promisoria del siglo XXI. Semejante riesgo es muy grande, pues ampliaría las brechas ya existentes y nos relegaría, una vez más, a estar en el grupo de la retaguardia.

Ricardo Ávila Pinto

ricavi@portafolio.co

@ravilapinto

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