Eduardo Ángel

Reflexiones sobre el ahorro empresarial

Eduardo Ángel
POR:
Eduardo Ángel
septiembre 03 de 2008
2008-09-03 01:11 a.m.
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Habitualmente acudimos al sueño de las vacas gordas y flacas del Faraón, para recordar la existencia y antigüedad de los ciclos económicos. Lo que no solemos mencionar del pasaje bíblico es que el premio del Faraón para José por la interpretación del sueño, fue su nombramiento como primer ministro de Egipto, para que, siguiendo las instrucciones que él mismo había dado, emprendiera como gobernante la recolección y almacenamiento de un quinto de las cosechas de trigo durante los años de abundancia, para suplir las necesidades en tiempos de escasez.

El significado de ahorro, sencillo como el que más en las palabras de José para el Faraón, vinculado a otras variables macroeconómicas, ha dado lugar a diversas teorías sobre su impacto en el desarrollo. Sin entrar a éstas, y acudiendo mas bien a su connotación simple, cabe preguntarse si la coyuntura económica que el mundo afronta, es en parte el resultado de vacíos estructurales y carencias de liderazgo en gobernantes y gerentes para generar una cultura de ahorro, soportada en el insustituible papel del mismo y en sus beneficios.

El tema da para largo, pero para acotarlo al ámbito empresarial, me limitaré a tres reflexiones que considero relevantes en torno al mismo :

1. Ahorrar no es sólo reducir gastos superfluos. Eliminar gastos innecesarios desde luego conlleva menores egresos y beneficios indiscutibles, pero en últimas es simplemente una primera racionalización consistente en dejar de desperdiciar. Superada la fase de racionalización, el desafío permanente y no simplemente ocasional, debe ser identificar en dónde y cómo lograr ahorros continuos. Esa dinámica del ahorro, entendida así a nivel empresarial, propicia la innovación y conduce a la eficiencia y a la competitividad .

2. El ahorro empresarial acumulado debe estar sanamente representado. El ahorro empresarial sujeto de acumulación y visible en el incremento anual del patrimonio, es el recurso económico proveniente de utilidades que permanece en el negocio, después de repartir dividendos. Tan importante como la magnitud del mismo es la naturaleza y características de los activos que representan dicho ahorro. Desafortunadamente, en numerosas ocasiones se encuentra reflejado en partidas del activo con un valor económico relativo y vulnerable, tales como inventarios de vieja data, acrecentadas cuentas por cobrar, o bienes innecesarios e improductivos, en lugar de estar representado por inversiones productivas, sólidas y realizables. Que sano sería propiciar que al menos una parte de ese ahorro empresarial, fruto normalmente de enormes sacrificios, estuviese siempre representado en fondos líquidos con destinaciones específicas para el futuro.

3. La solidez reposa en una adecuada amalgama ahorro-crédito. Ahorro y crédito son indispensables en el desarrollo empresarial. Sin embargo, la realidad muestra que a medida que el sistema financiero ha evolucionado, facilitando el acceso al crédito, el ahorro de muchas empresas se ha debilitado, tanto por exceso en el uso del primero, como por falta de incentivos en nuevos instrumentos que fomenten el ahorro. Paradójicamente, países como Bangladesh, extremadamente pobres, registran en términos relativos, una capacidad de ahorro sorprendentemente alta, atribuida a la ausencia de servicios bancarios formales, lo cual deja para todos profundas reflexiones sobre el tema.
El ahorro es la antítesis del enriquecimiento rápido, tan equívocamente anhelado en nuestros días. Mientras el primero tiene la connotación de sacrificio para el logro en el futuro, el segundo, es la negación del sacrificio y del futuro mismo . El ahorro, liderado con convicción en una cultura empresarial es un hábito que constituye uno de los más preciados valores, así no se encuentre formalmente enunciado entre los mismos.

eduardo.angel@earasociados.com

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