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Viernes 25 de mayo 2012

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El continente indio

febrero 9 de 2012 - 9:42 pm


Debemos prepararnos para el próximo ‘boom’? Sí. Seamos proactivos. Hablo de India, la mayor democracia del mundo.

Las cifras dicen mucho y tenemos un enorme mercado por explorar.

Cinco siglos atrás comerciantes, navegantes y descubridores europeos hablaban ya de ‘Las Indias’, en plural.

Al buscar un paso para mercadear con ellas, llegaron a América. Y desde entonces, se distinguieron las Indias Orientales de las Occidentales.

Devotamente, Colombia apoyaba y comerciaba con Taiwán, pues mencionar la China comunista moderna sonaba exótico.

Tal vez fueron militantes del Moir los primeros en visitarla, y sus contrarios opinaron que allá regía el social-imperialismo. Después se puso de moda negociar con la China más grande, pero llegamos tarde a esa práctica.

Importante notar cómo en los últimos años los viajes de negocios a la Feria de Cantón y a la exposición de Shanghái se han multiplicado: todos conocemos a alguien que viajó, y en las empresas por lo menos el jefe ha estado allí. Sorprende la cantidad de jóvenes que estudian mandarín, asunto importante, así sea por simple novedad.

Estar sintonizados con el país más poblado y segunda economía del planeta no es opcional, sino necesario.

Sin embargo, ¿debemos prepararnos para el próximo boom? Sí. Seamos proactivos. Hablo de India, la mayor democracia del mundo.

Hace un mes la visité, y aunque el último censo dice que son 1.210 millones de habitantes –el 17 por ciento de la población mundial–, parece que los contaron mal, porque vi gentíos por torrentes y marejadas en playas, calles, ciudades, aldeas y campos.

Adicionalmente, según cálculos de Naciones Unidas, serán 1.400 millones en el 2025, sobrepasando a su vecina China, pues al parecer el Kamasutra está en plena práctica. Además, Euromonitor pronostica que dentro de ocho años será la cuarta economía del mundo.

Las cifras dicen mucho, y tenemos un enorme mercado por explorar. Hay gran demanda de energéticos, ya como alimentos o en carbón y petróleo; de materiales para construcción, esmeraldas, y joyas.

Como allá vi mangos, guayabas, tamarindos, bananos, papayas, arequipe, arroz con leche, y hasta tortas de maíz tierno, como arepas, hasta les podemos vender conceptos: una misión india llevó la idea del Transmilenio y se implementó en Nueva Delhi.

Los indios también quieren invertir, y debiéramos imaginar cómo les vendemos a Colombia. Desde lo más básico, como nuestro cotidiano acontecer. Pregunté a muchos: “¿quieren ir a Colombia?”. “¿Ustedes tienen restaurantes vegetarianos?”, me respondían.

Carecemos de una cultura vegetariana con certificaciones en los empaques, por ejemplo. Allá se muestra sobre ellos un cuadro blanco con un círculo verde para indicar que los ingredientes son de origen vegetal o rojo para los de fuente animal.

Para establecer una relación diplomática, o comercial con los indios, hay que estudiar la cultura o, mejor, las culturas del país. La Presidenta es de religión Brama Kumari; el Primer Ministro es sijista (los de turbante); y un Vicepresidente musulmán, dan idea de diversidad religiosa, tolerancia y pluralismo.

Hay dos idiomas oficiales, el hindú y el inglés, y más de 20 lenguas nacionales, sin contar dialectos. Diferencias étnicas, religiones y miles de dioses, se suman al mosaico cultural de esta India que parece más un continente.

El inglés es el idioma de los comerciantes, un british decimonónico.

El protocolo de negocios no es complicado: usan apellidos y títulos, y tarjetas de presentación; es importante tener contactos, como en Colombia, pues las relaciones a largo plazo son las deseables.

También practican el regateo, pero dejan la impresión de ser provocadores y agresivos; viajan con toda la familia, como los paisas a Cartagena o los bogotanos a Santa Marta. En algo nos parecemos, lo que es un punto favorable.

El aspecto cultural más difícil es el del manejo del tiempo, pues son policrónicos y como practicantes del hinduismo creyente en la reencarnación, su tiempo es circular, sin principio ni fin. No muestran afanes, y todo se hace a la vez. Los planes cambian constantemente y la puntualidad no es prioritaria.

Así que en India lo importante es armarse de paciencia, ser flexible, y no regirse por los procedimientos.

Como en América Latina, pero llevado al extremo. Es un caos sistematizado.

En fin, es necesario que estudiemos, comprendamos, visitemos, tratemos y contratemos con los indios. Aunque es emocionante lo que deja la lectura del ‘Sueño de las escalinatas, la bella protesta desgarrada de Zalamea, unos simposios, conferencias, artículos, y cursos en las universidades, nos acercarán más.

Hay que recordar que Tagore quiso demostrar la armonía entre la espiritualidad india y la mentalidad occidental; y que tan ricas y variadas culturas tan bien entendidas por Gandhi, fueron claramente descritas por Nerhú en un libro recomendable: El descubrimiento de la India.

Andrés Vélez-Calle
Redintercol

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