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Sábado 2 de Agosto 2014

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El enigma de Venezuela

Marzo 5 de 2013 - 9:01 pm



Han pasado 14 años desde cuando Gabriel García Márquez escribió para la revista Cambio un artículo titulado ‘El enigma de los dos Chávez’. Al concluir su texto, el Premio Nobel hablaba de cómo podría ser el personaje que en ese momento estaba a punto de asumir los destinos de Venezuela: “Uno a quien la suerte empedernida le ofrecía la oportunidad de salvar a su país. Y el otro, un ilusionista, que podía pasar a la historia como un déspota más".

Desde ese entonces, ha corrido mucha agua bajo los puentes, pero el debate entre una descripción y otra continúa. Y sin duda alguna seguirá acentuándose, sobre todo después de que en las horas de la tarde de ayer un contrito Nicolás Maduro le anunció al mundo la muerte del fundador de la Revolución Bolivariana.

La noticia, a su manera, significa el fin de una época singular en la realidad del país vecino. No solo por su permanencia en el poder, sino por los cambios que impulsó y el impacto regional que tuvo, el excomandante tiene asegurado un lugar en los libros de historia.

Algunos recordarán su capacidad oratoria y otros su retórica antiimperialista. Pero sin duda, el tema central tendrá que ver con el Socialismo del Siglo XXI, el modelo mediante el cual fueron estatizadas un sinnúmero de actividades y con base en el cual el gobierno rediseñó los patrones económicos, políticos y sociales. Tales posturas fueron acogidas en otros lugares de América Latina, en donde el Alba llegó a ser un bloque de naciones con mucho peso.

Por cuenta de lo hecho, y de la polarización que creó, la figura del desaparecido mandatario seguirá proyectándose durante décadas. En una región que tiende a idealizar a los líderes que pierde trágicamente, lo más seguro es que el chavismo continue vivo y presente no solo en la política venezolana, sino en la manera de hacer las cosas en el hemisferio.

La primera prueba de ello tendrá lugar cuando se convoquen las elecciones presidenciales en Venezuela. Aunque en abstracto todas las posibilidades están abiertas, suena poco factible que Maduro no resulte elegido, sobre todo después de haber sido ungido como el legítimo sucesor por el propio Hugo Chávez, el pasado diciembre.

Aun así, el camino que tiene ante sí quien llegue al Palacio de Miraflores no será fácil. Para comenzar, el desafío más inmediato será el de preservar la unidad de un movimiento que solo tenía una cabeza y en el que ahora aflorarán las tensiones internas, con los cubanos jugando tras las bambalinas.

Por otra parte, no hay duda alguna de que la economía venezolana se encuentra en cuidados intensivos. El déficit público supera de lejos el equivalente al 10 por ciento del Producto Interno Bruto, al tiempo que la inflación sigue disparada. Además, los precios del petróleo tienden ligeramente a la baja, al tiempo que la fuerte devaluación del bolívar, sucedida hace un mes, no disminuyó las presiones cambiarias.

La suma de esos elementos obliga a la toma de decisiones duras e impopulares. Por lo tanto, el enigma de ahora es si la nueva administración podrá empezar a poner la casa en orden, arriesgando el respaldo popular y sin que sus encargados tengan el mismo carisma del Presidente fallecido. Para decirlo con claridad, el margen de maniobra que tienen Maduro y sus compañeros es muy reducido, y eso complica las cosas todavía más.

Cualquiera que sea la respuesta, es seguro que Colombia sentirá las consecuencias de lo que pase al otro lado de la frontera. Tanto el comercio exterior entre ambas naciones, como el clima de seguridad en las zonas limítrofes, quedarán a merced de lo que pase en Caracas, cuyos dirigentes se darán cuenta en unos pocos días de que las dificultades que vinieron con las semanas de incertidumbre reciente, no se comparan en absoluto con los retos que vienen. Y eso sin más acompañamiento que la sombra de Chávez, que seguirá omnipresente, a pesar de haber abandonado este mundo.

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