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Lunes 20 de Mayo 2013

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El nuevo PIB

Abril 9 de 2012 - 7:08 pm


Los aspectos ambientales de la sustentabilidad merecen un seguimiento en que indique qué medida nos acercamos a niveles peligrosos.

Una comisión impulsada por el gobierno francés propone adaptar el sistema de medición de la actividad económica para reflejar mejor los cambios estructurales que caracterizan la evolución de las sociedades modernas.

Gran parte de la población desconfía de las estadísticas oficiales y ello afecta el debate sobre la situación que viven las economías y las políticas públicas.

De hecho, las mediciones habituales muestran una inflación reducida o un crecimiento más fuerte de lo que perciben las personas; y esta diferencia no puede explicarse solo por ilusión monetaria o factores sicológicos: el aumento de vehículos en circulación aumentará el consumo de gasolina, pero no la calidad de vida, pues los ciudadanos sufrirán la contaminación del aire y la menor movilidad.

Para analizar este desfase entre la realidad y los cálculos, el presidente de Francia creó la Comisión sobre la Medición del Desarrollo Económico y Progreso Social, liderada por los Premios Nobel Amartya Sen y Joseph Stiglitz, con la coordinación del economista galo Jean Paul Fitoussi.

La Comisión encontró que generalmente se hace uso del PIB mientras que nociones como la de producto nacional neto (que refleja los efectos de la depreciación del capital) o la de ingreso real de los hogares (centrada en los ingresos efectivos de las familias en el seno de la economía) pueden ser más pertinentes, y, sin embargo, suele haber grandes diferencias entre esas cifras.

Por tanto, el PIB no es equivocado, sino que se emplea de forma errónea al privilegiar el aumento del número de bienes de consumo inertes, sin examinar lo que estos aportan a la vida de las personas.

La actual crisis sorprendió a gobiernos y analistas, lo cual demuestra que nuestro sistema de medición ha fallado en ofrecer alertas oportunas.

Después del buen crecimiento entre 2004 y 2007 nadie esperaba un colapso, pero luego se descubrió que estábamos en una burbuja especulativa.

Enfrentamos una severa crisis medioambiental, en particular el calentamiento del planeta; no obstante, los precios del mercado están falseados por la ausencia de impuestos sobre las emisiones de carbono y las mediciones clásicas del ingreso nacional no tienen en cuenta el coste de las mismas.

A nivel estructural, la Comisión propone adaptar el sistema de medición de la actividad económica para reflejar mejor los cambios estructurales que caracterizan la evolución de las economías modernas por el aumento de los servicios y la producción de bienes cada vez más complejos, como los vehículos y los ordenadores.

En los servicios como la asistencia sanitaria o la educación, las tecnologías de la información y las actividades de investigación, el avance se debe más a la mejora cualitativa y dar cuenta de la misma supone un inmenso desafío.

Tradicionalmente, las mediciones se basan en los gastos realizados para producir (número de médicos, por ejemplo) más que en los resultados reales producidos (el número de prestaciones sanitarias dispensadas): ¡En nuestro sistema de medición actual, basado en los gastos, la producción pública representa en torno al 20 por ciento del PIB en muchos países de la OCDE y el total de gastos públicos más del 40 por ciento!

Para corregir este desfase, se propone que el sistema estadístico se centre más en la medición del bienestar de la población que en la de la producción económica, en un contexto de sustentabilidad: el PIB mide esencialmente la producción mercantil expresada en unidades monetarias; sin embargo, se le ha usado con frecuencia como si se tratara de una medida del bienestar económico.

Hay numerosos servicios que los hogares producen por sí mismos, no se toman en cuenta en los indicadores oficiales de ingresos y producción, y sin embargo, constituyen un aspecto importante de la actividad económica.

Las labores domésticas deberían ser objeto periódicamente, y de la manera más exhaustiva posible, de cuentas satélites a las de la contabilidad nacional.

Cuando uno se interesa en las actividades no mercantiles, el tema de las tareas de tiempo libre no puede eludirse: consumir la misma canasta de bienes y servicios, pero trabajando 1.500 horas en el año, en lugar de 2.000 horas, implica un nivel de vida más elevado.

Para delimitar la noción de bienestar, es necesario recurrir a una definición pluridimensional: las condiciones materiales de vida (ingreso, consumo, riqueza), la salud, la educación, las actividades personales, y dentro de ellas el trabajo, la participación en la vida política, los lazos y relaciones sociales, y el medio ambiente.

Los aspectos ambientales de la sustentabilidad merecen un seguimiento separado con indicadores físicos que muestren claramente en qué medida nos acercamos a niveles peligrosos de amenaza al entorno natural (el cambio climático o el desgaste de los recursos pesqueros).

Es necesario entonces poder disponer de un indicador claro de los crecimientos de la concentración de gases con efecto invernadero en la atmósfera, cercanos a los niveles de riesgo de cambio climático.

Este fenómeno es también particular porque constituye un problema planetario que no se puede medir en las fronteras nacionales.

Hay pues creciente acuerdo sobre el hecho de que la calidad de vida depende de la salud y la educación, de las condiciones de vida cotidiana (como el derecho a un empleo y a una vivienda decentes), de la participación en procesos políticos, del medio ambiente social y natural de las personas; y de los factores que definen su seguridad personal y económica.

Beethoven Herrera Valencia

Profesor de las universidades  Nacional y Externado

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