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Jueves 23 de Mayo 2013

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El tamaño de la esperanza de un ciudadano votante

Junio 12 de 2012 - 11:15 pm


La disputa amarga entre republicanos y demócratas en EE. UU. ha diezmado los resultados de los programas económicos de Obama

En una perspectiva histórica de largo plazo, los profesores Acemoglu y Robinson muestran que las políticas con éxito económico requieren el diseño de sistemas políticos incluyentes.

Parodiando el título de la gran obra de Borges, el ciudadano colombiano aspira a que la política y la economía, íntimamente ligados, sirvan a través del voto popular de instrumento para asegurar la prosperidad futura cuando los gobernantes van en buena dirección, o cambiarla en el caso contrario.

Paradójicamente, en el mundo no vivimos una etapa de una buena combinación entre la política y la economía.

El interesante libro del profesor de Harvard, Ezra Vogel, sobre Deng Xiaoping ilustra los efectos de largo plazo positivos sobre la transformación económica de China, pero una política totalmente antidemocrática, que podría poner en cuestión la sostenibilidad del éxito económico en el largo plazo.

La disputa amarga entre republicanos y demócratas en Estados Unidos ha diezmado enormemente los resultados de los programas económicos del presidente Obama y ha puesto en una posición débil la recuperación económica después de la crisis del 2008.

En Europa padecen los resultados de la mala política y la mala economía, ya que se vivió en una economía al debe por largo tiempo, que impulsó un régimen salarial y de seguridad social costoso e insostenible en el largo plazo en varios países.

En una perspectiva histórica de largo plazo, los profesores Acemoglu y Robinson muestran que las políticas con éxito económico requieren el diseño de sistemas políticos incluyentes, que permitan el desarrollo de instituciones económicas y políticas que diseminen la prosperidad y no la concentren en beneficio de minorías.

La primera década de este siglo en Colombia presenta resultados agridulces al combinar la política y la economía.

Pese a un acertado manejo de la crisis económica del 2008- 2009, y a los logros en materia de seguridad y confianza de los inversionistas, la realidad de los sectores mostró enorme deterioro en la política de salud, desarrollo agrícola, gas e infraestructura, para citar solo unos ramos.

El drama principal de la combinación entre política y economía consiste en la dificultad de encontrar el equilibrio adecuado entre los buenos funcionarios que tienen capacidad técnica para el ejercicio de las funciones públicas y al mismo tiempo vocación política de mediano plazo sin renunciar a la toma de decisiones necesarias que pueden tener costo político.

Con frecuencia el interés político puede deteriorar la calidad y la oportunidad de las decisiones sobre políticas públicas.

En este contexto, el ciudadano independiente que elige sus gobernantes con alguna periodicidad, lo hace cada vez más premiando los resultados favorables y castigando el cambio abrupto de rumbo en la dirección contraria.

Por esta razón son muy importantes las ejecuciones efectivas de los programas con los cuales se hacen elegir los gobernantes.

Las primeras reformas de este Gobierno sobre la regla fiscal, las regalías, la ley de primer empleo, junto con las acertadas políticas del Banco de la República, han mostrado resultados positivos en el campo macroeconómico, en medio de una economía internacional muy volátil.

Sin embargo, este proceso inicial requiere que las reformas sectoriales y microeconómicas tengan también resultados efectivos en el tiempo.

Si Colombia aspira a dar un salto en su tasa de crecimiento por encima del 5%, debe superar restricciones importantes en infraestructura física, calidad de educación, el mercado laboral, incentivos para la ciencia y tecnología, la calidad de los servicios de salud, la prestación de los servicios de justicia, la consolidación de la seguridad y la sostenibilidad del medio ambiente como bienes públicos de largo plazo.

Los sectores económicos que se escogieron en el Plan de Desarrollo como ‘locomotoras de crecimiento’ permiten elevar el nivel, pero no necesariamente la sostenibilidad del crecimiento, con excepción de la ciencia y la tecnología.

Lo mismo puede decirse de los efectos de los tratados de libre comercio que se han venido impulsando, que también requieren de las reformas mencionadas anteriormente.

En esta coyuntura el país sigue teniendo enormes retos, tiene líderes públicos y privados de gran calidad y excelente capital humano en desarrollo.

Todo este patrimonio social debe ser orientado al diseño de buenas instituciones políticas y económicas que garanticen la prosperidad.

Luis Alberto Zuleta J.

Consultor empresarial

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