Emilio Sardi

‘Amarillojo’

Emilio Sardi
POR:
Emilio Sardi
octubre 23 de 2012
2012-10-23 10:56 p.m.
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El primer semáforo eléctrico se instaló en Salt Lake City, EE. UU., en 1912, y tenía dos luces, verde y roja. Rápidamente, fue evidente la necesidad de advertirles a los conductores cuándo venía un cambio de color, para que pudieran detener su marcha sin riesgos, y dos años más tarde se patentó un semáforo con un timbre que anunciaba dicho cambio.

En 1920, se inventó el de tres colores –con el amarillo para anunciar los cambios entre el verde y el rojo– que aún se usa.

Según Wikipedia, el verde autoriza el flujo de tráfico, el amarillo le indica al conductor que debe prepararse para detener la marcha, si no es riesgoso hacerlo, y el rojo prohíbe que el vehículo continúe la marcha. Por casi 100 años, ese ha sido el uso universal de los colores de los semáforos.

El Manual Interamericano para el Control de Tránsito de la OEA, por ejemplo, establece que el principal significado de la señal amarilla es advertir que “está a punto de aparecer la luz roja” y que sirve para “despejar el tránsito en una intersección y evitar frenadas bruscas”. Incluso el Manual de Señalización Vial de Colombia indica que en amarillo se puede culminar la marcha y atravesar, si se está “muy próximo a la intersección y una frenada brusca podría ocasionar situaciones peligrosas con los vehículos de atrás”.

Sin embargo, Colombia es el único país del mundo que no usa así los colores de los semáforos.

Aunque en sus definiciones lo que prohíbe es iniciar la marcha o incrementar la velocidad en luz amarilla, la Ley 769 de 2002 ordena, cuando esté en amarillo, “abstenerse de ingresar en el cruce, aun disponiendo de espacio para hacerlo”, y establece la misma multa por “no detenerse ante una luz roja o amarilla de semáforo”.

Así, en la práctica, por la vía de la sanción legal, se igualaron las dos señales, y los semáforos colombianos quedaron con solo dos colores: verde y amarillojo.

El mayor daño que le causan a Colombia nuestros congresistas nace de su inmarcesible ignorancia en muchos de los temas sobre los que alegremente legislan.

No se sabe qué motivaría a quien incorporó esa torpeza a esa ley, pero es claro que no tenía idea de lo que hacía, pues desde hace mucho se sabe que el buen uso de la luz amarilla es esencial para la seguridad de todos.

Así, en 2004, el Instituto de Transporte de Texas (TTI) publicó un estudio que demostraba que cuando la señal amarilla se recorta en un segundo, se incrementan las violaciones en 110%, mientras que estas se reducen en 53% cuando el amarillo se aumenta en un segundo.

¡Y el segundo adicional reduce las colisiones en 40%! De hecho, es clara la tendencia a la reducción de accidentes relacionados con la luz roja cuando el amarillo se alarga. Y en Colombia le dan cero segundos.

Para reemplazar el papel del amarillo, las autoridades caleñas anuncian la instalación de unos dispositivos que advertirán la llegada del amarillo pasando el verde a intermitente.

Eso está bien, pero no es suficiente. Sabiendo los peligros que genera la eliminación del amarillo, todos los colombianos deben buscar cambiar la ley, para que este se use como en el resto del mundo. Mientras tanto, no deben aplicarse unas multas locas que inducen a los ciudadanos a un comportamiento riesgoso.

Emilio Sardi

Empresario

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