Emilio Sardi

¡Déjennos en paz!

Emilio Sardi
Opinión
POR:
Emilio Sardi
octubre 02 de 2014
2014-10-02 04:14 a.m.
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Es natural la poca atención que ha despertado el debate sobre el proyecto de reforma constitucional que el Gobierno ha propuesto con el objeto de buscar lo que llaman “el equilibrio de los poderes”.

Por un lado, el desprestigio de todas las ramas del Estado difícilmente podría ser mayor. La última encuesta mostró que, por primera vez en su historia, la imagen negativa es superior a la positiva para todos ‘los poderes’ que, supuestamente, se van a ‘equilibrar’, desde los altos tribunales y los órganos de control, hasta el honorable Congreso. Y a esto se añade que, salvo escasas excepciones, la respetabilidad de los participantes en el debate, con el elenco completo del Proceso 8.000 a la cabeza, es aún menor que la de ‘los poderes’.

Para los colombianos, el debate que estos próceres adelantan es simplemente una discusión sobre cómo se partirán la marrana. Esto les interesa mucho a ellos, más no al ciudadano corriente.

Lo que sí afecta enormemente al ciudadano es que algunos de esos personajes, saliéndose del supuesto objeto de la reforma, con gran desvergüenza han aprovechado la ocasión para coartarle sus derechos e imponerle el voto obligatorio, buscando así burlar los umbrales mínimos de votos establecidos en la Constitución.

Para justificar este atropello, uno de sus impulsores, el honorable senador Serpa, afirma que el voto obligatorio reducirá la compra de votos. Aunque nadie puede negarle su extensa experiencia y conocimiento de esta materia, esto no es cierto. Si ahora pagan 50 mil pesos por voto para sacar a sus clientes de la casa, obviamente pagarán mucho menos cuando la ley se los ponga en las urnas.

Obligar a todo el mundo a votar, en un país donde las maquinarias electorales son la regla y no la excepción, y en donde no hay cultura política de voto libre y consciente, solo les facilita la vida a los clientelistas, listos a manipular votos.

Entidades internacionales informan que solo 22 países tienen hoy voto obligatorio, y otros 7 lo tuvieron y lo abolieron. La realidad de las democracias más reconocidas es que la decisión libre de votar o de abstenerse es inherente a ellas. Y nadie puede decir que la abstención es un fenómeno exclusivo de Colombia o que aquí tenemos niveles de abstención absolutamente atípicos.

En el 2010, la abstención en la elección legislativa de EE. UU. fue 58 por ciento. En la elección del Parlamento Europeo de mayo pasado, llegó a 57 por ciento. La abstención en presidenciales llegó al 58 por ciento en Chile (2013), y en elecciones para parlamentos y cuerpos legislativos llegó al 45 por ciento en Francia (2012), 41 por ciento en Japón (2012), 51 por ciento en Polonia (2011), 42 por ciento en Portugal (2011), 51 por ciento en Suiza (2011) y 39 por ciento en Canadá (2011).

La opción de votar o no hace parte de las libertades de decisión asociadas a una democracia. Nuestro sistema electoral tiene fallas graves, pero no es la libertad de votar una de ellas. En lugar de sancionar a quienes no votan, los congresistas deberían dedicarse a sancionar los verdaderos males del sistema electoral, como la compra de votos, el trasteo de electores, las manipulaciones de resultados, la suplantación de votantes y la promoción del voto amarrado, por mencionar algunos. No, honorables congresistas. Sigan ustedes, si quieren, con sus componendas y maturrangas. A nosotros, los ciudadanos, no nos coarten más nuestras escasas libertades y ¡déjennos en paz!

Emilio Sardi
Empresario
esardi@tecnoquimicas.com.co

 


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