La necesidad de poder

El liderazgo es el ejercicio funcional del poder, la capacidad de utilizarlo para transformar las in

Enrique Ogliastri
POR:
Enrique Ogliastri
septiembre 09 de 2010
2010-09-09 07:39 a.m.

El adecuado manejo del poder es esencial para quienes dirigen el trabajo de otros, de instituciones y grupos. Tradicionalmente se ha estudiado la necesidad de poder en dos vertientes: individual (la psicología del poder) y social o institucional, pero las dos están relacionadas.

 La importancia de tener influencia o poder puede manifestarse en quienes lo desean para tenerlo y disfrutarlo (a veces a expensa de otros), y también en quienes lo utilizan para conseguir resultados. Estos últimos han 'socializado' la necesidad de poder y son parte del acervo de herramientas de quienes construyen instituciones.

Las personas marcadas por alta necesidad de poder pueden incluir no sólo a quienes quieren tenerlo, sino también a los que le temen u odian: algunos individuos están orientados por una lucha contra cualquiera que se les ponga por encima, y otros se sienten tan incómodos con el ejercicio del poder que evitan poseerlo. Muchas actividades y profesiones permiten satisfacer la necesidad de poder, como profesores, políticos, y ejecutivos.

Los estudios muestran que una persona con alta aspiración de poder se caracteriza por buscar posiciones de prestigio, consigue sobresalir y liderar pequeños grupos, prefiere deportes donde se compita con otros (en lugar de desafiarse a sí mismo o con un estándar), es aficionado al juego de azar y cuando arriesga perder mucho se siente grande; el alcohol desata su fantasía de ser fuerte, se suele casar con una pareja dependiente, pero muy vistosa, y disfruta del dominio de los demás.

 Esto último es común en gente seductora, que va de una conquista en otra, busca dominar para doblegar al otro, pues le interesa la inmediata posesión y no el amor.

Algunos malos ejecutivos también tienen una intensa necesidad de poder. Son aquellos que quieren obtenerlo de forma personalizada y poco constructiva, o quienes disfrutan o necesitan de el para compensar otras falencias.

En ese lado oscuro de mando están quienes no pueden nombrar ejecutivos demasiado brillantes por temor a que les hagan sombra, tienen un estilo gerencial autoritario y dominante hasta el mínimo detalle, ejercen una gerencia colérica, impaciente, arrogante, poco tolerante de errores, se la juegan tomando riesgos elevados y esto empeora, porque suelen creer que tienen más respaldo del real... y ostentan símbolos de poderío como carros de prestigio simbólico, se hacen notar por la ropa de marca o llamativa de última moda, y tratan de mantener las distancias haciendo notar su jerarquía.

 Afortunadamente, las personas pueden madurar y evolucionar hacia un poder constructivo. Un buen ejecutivo tiene alta necesidad de poder, herramienta indispensable para conseguir resultados en su trabajo, no solamente para el regodeo personal, sino para cumplir metas. Los buenos ejecutivos comparten el poder, le dan autoridad a otros y con ello crean organizaciones con mayor dominio y realizaciones, lo que les genera gusto y satisfacción.

El poder bien ejercido les permite crear instituciones sólidas, pujantes, nombrar a personas extraordinariamente, capaces a quienes empoderan, y dan crédito por sus triunfos: ellos saben utilizar el poder como parte del liderazgo y la transformación de la organización.

El liderazgo es el ejercicio funcional del poder, la capacidad de utilizarlo para transformar las instituciones y conseguir resultados excepcionales. Un liderazgo efectivo pasa por la necesidad de poder. Las instituciones necesitan acumularlo, y paradójicamente cuando las personas comparten el poder en lugar de diluirse este se aumenta.

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