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Tendencias en la universidad europea

Enrique Ogliastri
POR:
Enrique Ogliastri
marzo 27 de 2009
2009-03-27 12:59 a.m.

Se acaba de fundar en España la IE University por parte de una internacionalmente reconocida escuela privada de negocios, que además de carreras innovadoras está desarrollando una concepción no tradicional sobre la universidad. La IE ha hecho explícito el propósito central de incorporar la educación superior al desarrollo económico, y a facilitar la empleabilidad de sus graduados. Igualmente han definido dos pilares centrales para la educación en todas las carreras: un eje en el arte y las humanidades y otro en el agora, ese espacio abierto donde los griegos realizaban el mercado y las transacciones económicas.

Esta propuesta aparece en el contexto del acuerdo de Bolonia sobre la educación universitaria en Europa. El plan estratégico de esta universidad busca que el 80 por ciento de sus estudiantes sean de posgrado (master), de origen europeo o extranjero (no españoles), y con clases en inglés. ¿Qué probabilidades de éxito tiene esta estrategia y qué tanto se incorpora a las tendencias europeas del sistema educativo?

En el año 2010, entrará en plena vigencia el acuerdo de Bolonia, que busca crear un espacio universitario común para todos los países europeos, orientado a fomentar su 'crecimiento económico, su competitividad internacional y su cohesión social a través de la educación y la formación de los ciudadanos a lo largo de la vida'.

Después de la exigente secundaria o bachillerato europeo, las carreras tendrán una fase de grado 'técnico' de dos años, otros dos para un título 'profesional' (como ingeniero), aproximadamente un año más para una maestría, y posteriormente al menos tres años de ciclo investigativo para un doctorado. Se populariza la educación universitaria y se integran los estudios 'técnicos' y los universitarios. Algunos critican haber tomado un modelo de Estados Unidos, con primacía de criterios económicos y orientación a oficios o profesiones prácticas, pero las universidades europeas han trabajado durante los últimos años para orientarse hacia el nuevo modelo.

Seis desafíos tiene la estrategia europea sobre la educación superior. Establecer un sistema común acumulativo de créditos por cada curso, ligados a horas de clase y a casi el doble de estudio independiente estudiantil fuera de clase. Segundo, la identificación y adquisición de competencias laborales de los estudiantes. Igualmente deben desarrollar una capacidad de aprendizaje independiente o autónoma que les acostumbre a actualizarse y a continuar educándose a lo largo de toda la vida.

Todo esto requiere nuevos materiales educativos, como casos que permitan discusión en clase en lugar de la cátedra magistral, o aprendizaje por Internet, lecturas y tareas en casa que obliguen al estudiante a preparar y responder sobre el tema de cada sesión de clase. Finalmente, se requiere la formación en el profesorado de una capacidad socrática de centrarse en el aprendizaje de los estudiantes en lugar de dictar cátedra y exigir memorización.

Cuando se inventaron las universidades en Europa, la suma de los conocimientos estaban en la filosofía, la cual se fue diferenciando paulatinamente de la religión. Hoy las mejores universidades del mundo son principalmente privadas, anglosajonas y todas sin ánimo de lucro. El éxito de la apuesta europea dependerá fundamentalmente de mantener y estandarizar la calidad de la educación. Con la sucesiva especialización de las ciencias y las profesiones, los centros empresariales de investigación hoy tienen tantos premios Nobel como las universidades. ¿Reemplazarán las empresas el papel central de los monasterios, y después de las universidades, como depositarios del conocimiento humano?
Es una curiosa coincidencia que esta nueva concepción de la Universidad IE haya conseguido establecerse en el histórico edificio de Segovia donde vivió Torquemada y que fuera sede de la orden de los dominicos (altos intelectuales del medioevo), con las hogueras de la Inquisición como telón de fondo. Esta sede excepcional parece testificar el salto de una concepción extrema sobre la primacía de la religión como origen y fin del conocimiento y la verdad, hacia una concepción institucionalmente distinta del tipo de la educación y los conocimientos que darían el norte, y formarían los criterios de la juventud.

Enrique.ogliastri@incae.edu

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