Felipe Villar Stein

¡Convivamos, ciudadanos!

Felipe Villar Stein
Opinión
POR:
Felipe Villar Stein
septiembre 25 de 2014
2014-09-25 03:33 a.m.
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Hace 10 años, el Ministerio de Educación Nacional publicó los Estándares Básicos de Competencias Ciudadanas ‘Formar para la ciudadanía, ¡Sí es posible!’. Dice el documento que un bachiller debe estar en capacidad de “expresar rechazo ante toda forma de discriminación o exclusión social y hago uso de los mecanismos democráticos para la superación de la discriminación y el respeto a la diversidad”.

Los estándares fueron producidos juiciosa y profesionalmente con el concurso de muchos actores de la comunidad educativa. Este es uno de los documentos más importantes como doctrina educativa, si estamos convencidos de que la formación en estas competencias es la base para un país en paz.

Hoy practico esta competencia al rechazar categóricamente la presunta discriminación de la que fue objeto por su preferencia sexual el estudiante Sergio Urrego, quien se suicidó en Bogotá. Preocupa no solo la discriminación, sino que la acción preventiva que debieron ejercer los diferentes actores no fue suficiente para evitar el fatídico desenlace. El año pasado salió la Ley de Convivencia Escolar y su respectivo decreto reglamentario, en el cual se crearon las instancias de atención y prevención para este tipo de situaciones. Se debe adelantar una investigación a fondo, pero no para buscar chivos expiatorios, sino para tomar acciones prácticas que mejoren la prevención y que pongan estos temas en discusión en todas las instituciones educativas del país. La muerte de un joven no tiene ningún sentido. Por medio de las acciones que se desprendan de la investigación se puede honrar su vida y evitar que un hecho como este vuelva a suceder.

En la misma línea del ejercicio de esta competencia, rechazo algunas manifestaciones, en particular la de monseñor Falla, respecto a las declaraciones de la ministra Álvarez sobre su relación con la ministra Parody. Le recuerdo al prelado que vivimos en un estado laico y que los principios que rigen nuestra vida pública son los que aparecen en la Constitución Política. Ahí están consignados los derechos de todos los colombianos a la libertad, al libre desarrollo de la personalidad, a la intimidad personal y familiar, entre otros. Aclaro que soy un católico practicante, casado y miembro activo de mi iglesia. Esto no obedece a una reacción alérgica a las sotanas porque mucho fue lo que me enseñaron los benedictinos sobre respeto y amor al prójimo. Es resultado del ejercicio de mis deberes como miembro de esta sociedad.

Con valentía y mucho decoro, la ministra Álvarez contestó las preguntas de las periodistas y lo hizo con la verdad.

En ningún momento hizo alarde ni promoción de condición alguna. Cuestionó, con mucha razón, que esto no se le pregunte a personalidades masculinas, resaltando así una realidad más de discriminación.

Considero relevante esta discusión porque sirve para reflexionar respecto a la construcción de una Colombia en paz, tolerante y diversa. Yo respeto a personas con pensamientos, ideologías y hasta comportamientos con los cuales no comulgo. Respeto tanto al godo regodo, que destila azul de metileno y cree en el iusnaturalismo, como al zurdo rezurdo, que en todo ve la mano opresora y obscura del imperialismo. Como educador, intento generar espacios, en los cuales los dos se puedan sentar a conversar, a exponer sus ideas y ojalá salgan con algunos puntos en común a pesar de las diferencias. El radicalismo es lo que no nos sirve. La intolerancia, el creer tener la verdad y la razón son los obstáculos para construir una sociedad en paz.

Felipe Villar Stein
Gerente de T&T
 

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