Félix Londoño

Conocimiento: la nueva cadena de valor

Félix Londoño
POR:
Félix Londoño
mayo 07 de 2008
2008-05-07 11:36 p.m.
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La línea de producción industrial, tradicional, usualmente se concibe sobre la base del flujo de materias primas. Grosso modo se dice que su cadena de valor inicia con la concepción y diseño de nuevos productos, continúa con la definición y optimización de los procesos requeridos para la creación de esos productos, y culmina con su puesta en los mercados. En simultánea, corriendo paralela a esta línea de producción, fluye una línea de datos e información que, aún habiendo circulación de materias primas, se convierte en la verdadera cadena de valor de las empresas en la sociedad del conocimiento.

Es cada vez mayor la cantidad de conocimiento que se incorpora en los productos y servicios en las etapas de su diseño conceptual y detallado. Muchas de las cosas que salen al mercado son resultado de arduos y costosos procesos de investigación e innovación que, cada vez en mayor grado, involucran, por ejemplo, sofisticados procesos de negociación de la propiedad intelectual relacionada. Los procesos de producción y de nuevos servicios se soportan también, en sí mismos, en elaboradas infraestructuras caracterizadas por el uso de altas tecnologías en los que es cada vez más frecuente la presencia de la informática y las telecomunicaciones. Detrás de los mercados está el soporte de la inteligencia competitiva y el respaldo de sofisticadas redes de logística que basan su operación en la disponibilidad de información en tiempo real.

De acá la importancia de reconocer cómo la nueva cadena de valor de la economía se funda en el conocimiento, y de basar en ello la inteligencia del negocio y el ciclo de vida de su funcionamiento. Los datos y la información, vueltos saber, son ahora los insumos ordenadores de las líneas de producción y de servicios, permitiendo extender las operaciones de las empresas más allá de sus muros hacia el mundo globalizado. Volcar la mirada al conocimiento como el eje motor de los negocios reclama transformaciones institucionales que implican una revisión y redefinición de las diversas unidades que configuran su ciclo de vida.

Está claro que los eslabonamientos internos y externos de una empresa de la sociedad del conocimiento no pueden permanecer anclados en los mismos esquemas funcionales de las ya en extinción líneas de producción de la era industrial. Una empresa verdaderamente basada en el saber requiere, entre otras: un recurso humano calificado que sepa obtener valor de los activos intelectuales; una forma distinta de ver las cosas que reconozca en las ideas el valor potencial de transformarlas en licencias tecnológicas; un área y recursos para adelantar iniciativas de investigación y desarrollo conducentes a crear nuevas oportunidades de productos y/o servicios. En fin, una dependencia que tenga como función potenciar en la empresa el valor estratégico del conocimiento.

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