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Martes 21 de Mayo 2013

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Final de fiesta en Argentina

Junio 18 de 2012 - 7:39 pm


Cristina Fernández de Kirchner

Espero estar equivocado y que Fernández, en los 3 años y medio que le quedan de su gobierno, empiece a pensar en el futuro del país con una visión menos cortoplacista, y menos ideológica.

Para un visitante que regresa a Argentina tras una ausencia de 10 meses, es asombrosa la rapidez con la que han cambiado las cosas: la mayor bonanza económica de la historia reciente de este país se ha convertido en una desaceleración aguda, y el optimismo ha dejado lugar a un estado de ansiedad generalizado, que de seguir así podría convertirse en pánico.

Pese a los apasionados discursos de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en los que afirma que su difunto esposo y expresidente Néstor Kirchner descubrió un nuevo “modelo económico” que produjo récord de crecimiento del 8% anual en gran parte de la última década –crecimiento que casi todos los economistas atribuyen a factores externos, como las masivas compras chinas de las exportaciones de granos argentinos–, por todos lados se ven signos del final del boom.

El índice de popularidad de Fernández ha caído del 63 al 39%, según una encuesta de Management & Fit.

Aunque su reciente estatización de YPF le consiguió un breve repunte en las encuestas, ya hay cacerolazos de protesta en los barrios más pudientes de esta capital.

Lo que es más amenazante para el Gobierno, la mayor unión sindical del país –la CGT, hasta hace poco su aliada– ha iniciado paros esporádicos reclamando un aumento salarial del 30%, y organizaciones de productores agrícolas amenazan con huelgas nacionales contra los impuestos que la administración impone a los exportadores de granos.

El tema del día en Buenos Aires es, dónde comprar dólares en el mercado negro, y a qué precio. La inflación, oficialmente del 9%, se estima mayor del 25%.

Temiendo una devaluación del peso, la gente compra dólares en la calle a vendedores del mercado negro apostados en las esquinas, apodados ‘arbolitos’.

Después de varios años en que la presidenta Fernández se jactaba de que Argentina estaba entre los países del mundo que más crecían, la economía argentina pasará de un crecimiento del 9% en el 2011 a un 2,2% este año, según las últimas estimaciones del Banco Mundial. Muchos economistas independientes dicen que el país podría terminar el año con crecimiento cero.

“Creemos que tarde o temprano esta historia termina en una gran devaluación”, decía un reciente informe del economista Javier Kulesz, del banco UBS, y añadía que la devaluación se daría junto con un gran aumento del precio de los servicios, mayor tensión social y crecimiento bajo o incluso negativo.

“Estas son cosas con las que los argentinos están familiarizados. Han visto diversas versiones de esa película unas cuantas veces en las últimas décadas”.

¿Por qué se cayo la economía argentina? China no ha dejado de comprarle materias primas, no ha habido ningún tsunami o terremoto que haya destruido la infraestructura del país, y el entorno internacional sigue siendo favorable al país gracias a que los precios de los commodities siguen siendo relativamente altos.

A juzgar por las docenas de entrevistas que hice aquí la semana pasada, hay una sola razón de la actual declinación argentina, y es la usual: el populismo.

El Gobierno de Fernández ha regalado dinero a diestra y siniestra, sin pensar mucho más allá de la próxima elección.

De manera semejante a lo ocurrido en la Venezuela de Hugo Chávez, el aumento constante de los subsidios funcionó mientras las exportaciones no dejaban de subir, pero dejaron al país al borde de la quiebra una vez que los precios mundiales de las materias primas pararon de aumentar.

Mientras Chile, bajo gobiernos de centro-izquierda y centro-derecha, ahorraba en los años buenos para mantener sus programas sociales en las épocas malas, Argentina hizo todo lo contrario: gastó incluso más de lo que podía en los años buenos, sin construir mucho para el futuro.

El Gobierno malgastó la mayor bonanza económica del país, de casi 100 años, en subsidios para millones de personas –muchas de las cuales han dejado de trabajar, porque viven mejor de las dádivas del Gobierno–, así como para transporte y energía.Gracias a los subsidios del Gobierno, el transporte en Buenos Aires está entre los más baratos del mundo: un viaje en autobús cuesta el equivalente de 22 centavos de dólar, y uno en tren unos 26 centavos de dólar.

Roberto Lavagna, el exministro de Economía en el Gobierno de Néstor Kirchner –a quien se le atribuye haber revivido la economía argentina después del default del 2001– estima que los subsidios al transporte y energía aumentaron de US$1.200 millones a finales del 2005 a 19 mil millones, el año pasado.

Aunque el sentido común sugiere que Fernández debería empezar a reducir el gasto público debido a la desaceleración económica, la Presidenta parece estar redoblando su apuesta.

La semana pasada anunció un gigantesco plan para dar 400.000 préstamos hipotecarios de bajo interés y construir 400.000 viviendas en los próximos cuatro años.

¿De dónde saldrá el dinero? De fondos del sistema de seguridad social. El Gobierno dice que el plan creará 100.000 empleos en el sector de la construcción, y contribuirá a reactivar la economía.

Los escépticos dicen que el dinero desaparecerá en manos de funcionarios corruptos, como ha ocurrido tantas veces antes, y los futuros jubilados no verán ni un centavo de sus jubilaciones. “Tienen una visión cortoplacista, y estrictamente política, de la economía"” me dijo Lavagna.

“Y es muy difícil que eso cambie”, agregó.

Mi opinión: todo indica que Fernández culpará al mundo exterior –los medios, Grecia o Washington– de la caída provocada por su propia fiesta económica de los últimos años.

Emitirá cada vez más dinero para comprar lo votos que le permitan ganar las elecciones legislativas de octubre del 2013, y rezará por una nueva subida de los precios internacionales de las materias primas para equilibrar las cuentas del país.

Mientras tanto, habrá malgastado la mejor oportunidad que ha tenido Argentina en un siglo de usar su bonanza económica para mejorar los estándares educativos, atraer inversiones para crear nuevas industrias y crear empleos productivos para sacar de la pobreza a millones de personas.

Espero estar equivocado y que Fernández, en los 3 años y medio que le quedan de su gobierno, empiece a pensar en el futuro del país con una visión menos cortoplacista, y menos ideológica.

Salvo una drástica corrección de rumbo, Fernández llevará a Argentina a su próxima gran devaluación, que será totalmente auto-infligida.

Andrés Oppenheimer

Periodista - Columnista de The Miami   Herald y El Nuevo Herald .

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