Francisco Barnier González
columnista

El proteccionismo de Trump

El gobierno de Trump parece determinado a tomar las medidas agresivas que prometió en su campaña.

Francisco Barnier González
Opinión
POR:
Francisco Barnier González
febrero 12 de 2017
2017-02-12 02:51 p.m.
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El presidente Donald Trump no estaba ‘blufeando’, y una de sus primeras órdenes ejecutivas fue retirar a Estados Unidos del ambicioso, pero polémico, Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TTP), lo que parece ser su sepultura, rompiendo además el aparente acuerdo tácito que predominaba entre demócratas y republicanos de manejar conjuntamente su política comercial.

A pesar de este antecedente, desde el punto de vista histórico, EE. UU. ha sido un país de poca tradición liberal desde la época de Alexander Hamilton, con su reporte de Manufacturas, aparecido en 1792. La legislación estadounidense se vuelve muy proteccionista y se mantuvo así en el siglo XIX. Posteriormente, durante las guerras mundiales, EE. UU. adopta la ley más proteccionista de su historia, lo que se reafirma mediante la Ley Hawley-Smoot de 1930. A partir de este periodo, se inicia también la protección al sector agropecuario que se mantiene hasta nuestros días.

En los últimos años, con el surgimiento de la política neoliberal, la mayoría de políticos del mundo llegaron a despreciar a quienes defendieran el proteccionismo, llegando a considerar la palabra casi un insulto, hasta la aparición repentina de Donald Trump. El presidente de EE. UU. no solo la valoriza, sino que pretende cambios dramáticos en la política comercial de su país. Trump considera impulsar el proteccionismo para generar mayor empleo, así como hacer más grande y rico a su país.

La toma de medidas como la imposición de tarifas arancelarias de 35 por ciento, como en el caso de México, parece improbable, teniendo en cuenta que aún bajo la norma de la nación más favorecida, las tarifas de la OMC se ubican en niveles mucho más bajos.

La renegociación que pretende Trump del Nafta para alcanzar cambios sustanciales consisten en cambiar en el acuerdo, entre otras, las reglas de origen para hacer más complejo el uso de materias primas importadas por parte de México y Canadá, muchas ellas producidas en China, y que permiten la venta de sus productos en EE. UU., a veces adicionando poco valor agregado en su producción final.

Lo anterior podría provocar cambios dramáticos en las cadenas de valor de diferentes industrias, que no son fáciles de predecir, difíciles de implementar en el corto plazo y generar fuertes deslocalizaciones. También la política de Trump pretendería eliminar la regla actual de compras, favoreciendo las adquisiciones de empresas locales en contratos públicos, incentivando la compra Made in USA.

El Gobierno de Trump podría endurecer las normas de inversión extranjera por parte del Comité de Inversiones para favorecer los intereses de EE. UU. en países en donde sus déficits comerciales sean grandes o existan desequilibrios considerables en sus inversiones extranjeras directas. Todavía no es posible precisar la estrategia comercial en las renegociaciones de los diferentes tratados comerciales por parte del secretario de Comercio Robert Lighthizer, sin incrementar costos laborales o afectar los niveles de innovación. Tampoco si la política estará enfocada a renegociar acuerdos con países de bajos ingresos, o los diferentes tratados bilaterales negociados en los últimos años, o proteger sectores específicos sensibles como el siderúrgico y, menos, cuál sea el nivel de resistencia por parte del Congreso de EE. UU.

El gobierno de Trump parece determinado a tomar las medidas agresivas que se comprometió en su campaña. La clave es poder encontrar la fórmula para lograr esto sin destrucción de valor en su economía.

Francisco Barnier González
Asesor financiero, banca privada y de inversión

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