Francisco Barnier González

Desigualdad y conflicto

Francisco Barnier González
POR:
Francisco Barnier González
julio 29 de 2013
2013-07-29 11:52 p.m.
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Manifestaciones por todas partes en el mundo y cada una a su manera, están expresando las crecientes inquietudes de las clases trabajadoras y de bajos ingresos frente a la desigualdad, el abandono, la pobreza, la falta de alimentos, de educación, de salud, de protección social, de servicios públicos, de infraestructura y de ausencia de Estado.

Y es que después de mucho tiempo, colombianos y productores de las zonas rurales en el país siguen en el abandono.

En el artículo ‘La desigualdad, fuente de inestabilidad’, Nouriel Roubini señala que un modelo económico que no corrige las desigualdades está condenado a una crisis de legitimidad y que es necesario reexaminar el rol del Estado, pues manifestaciones de estas se pueden intensificar y ser causa de inestabilidad social y política.

El crecimiento económico que hemos tenido en los últimos años, no hacen sino enmascarar la situación.

La cólera popular es tan grande en el Catatumbo para llegar a semejante tensión social, existiendo muchas razones para preocuparse por las demostraciones de violencia que se han presentado por parte de los actores del conflicto.

Como menciona Raghuram Rajan en un artículo desde Nueva Delhi, la manera como una sociedad trata estas dificultades depende de la extensión y la calidad de sus instituciones de gestión de conflictos. Cuando una sociedad tiene organismos con mecanismos institucionales fuertes no necesitan ir a la calle a protestar.

Por el contrario, cuando estas son débiles para ofrecer soluciones previsibles y aceptables, o para proteger las partes existentes, todo el mundo tiene interés en maniobrar para obtener ventaja y llevarse una mayor parte de la torta. Los resultados dependerán del poder de negociación relativo de las partes, a menudo las negociaciones abortan y todo el mundo se encuentra como perdedor después de paros y conflictos violentos.

El país no puede seguir así, en donde el que más reclama termina recibiendo los mejores beneficios, y ejemplos ya tenemos varios. Hay que aumentar la presencia del Estado, la inversión en proyectos de infraestructura y en el sector privado que ayuden a empujar la rentabilidad de las etapas de la cadena productiva y permita el crecimiento adicional en producción y comercio en estas regiones.

Desde hace unos años han sido establecidas políticas en los países en desarrollo para mejorar las condiciones de los menos favorecidos y disminuir la desigualdad en la escala baja de los ingresos. Reforzar programas de transferencias de ingresos a familias pobres condicionados a la escolarización, cobertura médica, almuerzos escolares, mejoramiento del hábitat y servicios públicos, seguridad social, compra y distribución de tierras, entre otros, suficientemente conocidos, deben ofrecer reales oportunidades a los productores y campesinos para que pueden aumentar su producción y mejorar sus medios de subsistencia.

Pero, sin duda, para provocar cambios durables es necesario reformar no solo leyes y normas específicas, sino también organismos fundamentales con el fin de volverlos más sensibles a las necesidades de los colombianos, y disponer de instituciones fuertes que tengan el poder y la capacidad real de resolver los problemas de estas zonas abandonadas y excluidas del país.

Francisco Barnier G.

Vicepresidente de proyectos, Tracker VSR Group

fbarnier@gmail.com

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