Francisco De Paula Gómez

Autorregulación

Francisco De Paula Gómez
Opinión
POR:
Francisco De Paula Gómez
junio 04 de 2015
2015-06-04 04:06 a.m.
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Ha sido una extendida creencia, tanto a nivel gubernamental como privado, suponer que las dificultades económicas, sociales o de mercado se resuelven solo con la expedición de nuevas normas y leyes. Como resultado, de una parte se ha producido una ‘inflación reglamentaria’, que es particularmente evidente en algunos sectores, y de otra, ha promovido que empresas, instituciones y ciudadanos olviden que en cabeza de ellos mismos está la solución a muchos de sus problemas, con la puesta en práctica de mecanismos de autorregulación y buenas prácticas comerciales, relacionamiento, promoción, contractuales, producción, servicio, entre otras.

El hecho es que, a pesar de la existencia profusa de normas en todos y cada uno de los sectores económicos, se siguen presentando prácticas que devienen en problemas de todo tipo. Aunque el semáforo esté allí titilando su luz roja, que está claro es una señal para detener la marcha, que busca organizar el tráfico y proteger la vida de las personas, y que existen sanciones bien establecidas por no atenderlo, el conductor o peatón es quien, en últimas, decide si para o sigue, a veces con consecuencias catastróficas. En otras palabras, las regulaciones o prohibiciones por sí solas tienen un sentido limitado si no se aparejan con el entendimiento y la voluntad de las personas para acatarlas, por autocontrolarse.

Partiendo de la base de que la regulación debe cumplirse, pues está allí por algo –como en el caso del semáforo–, en el ámbito empresarial y gremial existe, además, el concepto de autorregulación, el cual define un conjunto de reglas privadas, establecidas por aquellos que quieren aplicarlas y cumplirlas de manera voluntaria bajo un esquema de supervisión debidamente establecido, que se promueve a través del desarrollo y publicación de códigos de comportamiento, ética o buenas prácticas.

En el reciente foro ‘Transparencia en la relación empresa-Estado’, se hizo evidente la creciente preocupación que el sector privado en Colombia tiene por encontrar mecanismos que permitan más y mejores prácticas de autorregulación. Asimismo, el secretario de Transparencia, Camilo Enciso, señaló que es una necesidad que la relación entre el Estado y los empresarios no deje dudas acerca de su transparencia.

El gobierno corporativo, el establecimiento de serios códigos de conducta y de ética, la adherencia a pactos público-privados que promueven la transparencia y previenen la corrupción, son hoy elementos cada vez más importantes para las compañías y la sociedad.

Es importante recordar que este tipo de herramientas de autorregulación deben contener verdaderos mecanismos de seguimiento y verificación, pues de otra manera se convierten en meras manifestaciones, detrás de las cuales podrían esconderse inadecuados comportamientos.

Por último, no puede caerse en la tentación de exigir a los sectores –que precisamente están haciendo esfuerzos por incorporar o fortalecer este tipo de buenas prácticas, de autorregularse– que logren resultados de un día para otro sin haber hecho un proceso gradual, en el cual por supuesto, se comienza desde la realidad que tienen.

Francisco De Paula Gómez

Presidente Ejecutivo Afidro

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