Gabriel Rosas Vega

Esa es apenas una muestra

Gabriel Rosas Vega
POR:
Gabriel Rosas Vega
septiembre 29 de 2011
2011-09-29 01:25 a.m.
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Quisiera estar equivocado, porque, desde luego, no deseo ponerme en el papel de mensajero de malos augurios. Empero, hay algunas cosas que me dicen que lo ocurrido en Puerto Gaitán son apenas manifestaciones menores de lo que más adelante puede pasar si no se le presta atención a un proceso más delicado.

No nos equivoquemos: la situación no resultó de la noche a la mañana, ni es producto de la reaparición o el fortalecimiento de la USO.

Si bien es posible que haya algo de eso, dado que es beneficiario directo, en el fondo lo que existe es una conjunción de problemas y la acumulación de errores u omisiones debido al mal manejo de un nuevo escenario social.

Lo acontecido es apenas un mascarón de proa de algo más complicado.

Fácil es argumentar que el movimiento es una expresión del malestar que experimentan los trabajadores de Pacific Rubiales por las remuneraciones que perciben, por la ausencia de ciertas condiciones de vida; o, en fin, por los obstáculos que se le levantan a la lucha por la reivindicación de los derechos sociales, lo que pone en pie de guerra a los trabajadores frente a una empresa transnacional que, en su opinión, los esquilma.

Si fuera esta la única circunstancia que rodea el caso, la solución sería relativamente sencilla: a pesar de recibir salarios superiores a los que ofrece el mercado en la región y contar con prestaciones más o menos razonables, la empresa, haciendo un esfuerzo, podría mejorar estos y otros factores de los salarios.

A partir de ahí, la negociación podría llegar a feliz término y ‘san se acabó’. Pero las cosas no son tan elementales, ni tan fáciles. Veamos algunas razones.

Como los campos de petróleo están ubicados en zonas rurales, es preciso tener en cuenta que el concepto de desarrollo rural, aunque sigue marcado por su equivalencia en la acumulación, la industrialización y el consumo, ya está cuestionado por el reto de la equidad, meta que está muy distante, pues prevalecen los fenómenos de concentración de la riqueza y de los medios de producción.

En la raíz de lo que se puede considerar desarrollo se ubica la pobreza como su antítesis. La persistencia de la pobreza es, en Colombia –y más en las zonas rurales– un gran desafío al modelo actual de desarrollo y el principal condicionante a la construcción de una sociedad rural estable. Eso en primer lugar.

En segundo, hay que anotar que el desarrollo rural dentro de este marco y con toda la gama de optimistas y pesimistas, se va asumiendo como un proceso de transformación.

En tal evento se considera la pluralidad de participantes, dadas las diversas condiciones y posiciones que tienen en su contexto. Ello significa que se reconoce que el Estado y las instituciones son sólo intervinientes, pero los actores fundamentales, son los habitantes de las distintas regiones, cada vez con mayor capacidad de decisión.

Es por eso que las relaciones entre actores sociales y dimensiones de esa realidad no están exentas de conflicto.

Con todo, siendo estos los primeros pasos que hay que recorrer –restan más–, ni por asomo se puede aseverar que ya están en marcha estrategias para ir avanzando, lo cual se traduce en una situación caótica con visos de convertirse en un verdadero conflicto social.

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