Gabriel Rosas Vega

Cambió el panorama

Gabriel Rosas Vega
POR:
Gabriel Rosas Vega
julio 18 de 2013
2013-07-18 02:03 a.m.
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No bien había dejado su cargo el señor ministro de Agricultura Juan Camilo Restrepo, quien dedicó la mayor parte de sus esfuerzos a darle viabilidad a la distribución de tierras y recuperación de espacios para la producción agrícola, cuando cambió el panorama. En este empeño, tramitó en el Congreso un conjunto de normas que a la postre se convirtieron en la columna vertebral de la acción.

Lejos de desestimar la importancia de lo hecho, considero que fue y es un positivo aporte para el manejo de un asunto complejo, pésimamente tratado en nuestro medio, carente de claridad y, lo peor de todo, sin suficiente respaldo político que le sirviera de soporte para su debida aplicación. Un repaso de la historia, en particular lo acontecido con la frustrada reforma agraria, la “ganaderización de extensas zonas y otros problemas que ha tenido que enfrentar”.

Puestas las cosas en esos términos, es evidente que desde la propia nomenclatura, la materia ha dado un cambio fundamental, comenzando por las especialidades que integra: producción primaria e industrial. En pocas palabras, el concepto de agricultura hace referencia a funciones de producción primaria e industrial –esto se denomina política rural– concepto más amplio e integral. Es decir, a actividades ligadas al campo. Por eso, es preciso vincularlas a dos marcos de referencia, producción primaria industrial y urbana.

Ateniéndonos a lo ocurrido con la política en estos dos años, el gran pecado que se le puede endilgar es el enfoque exclusivo y excluyente de la gestión oficial. A cambio de mirar el panorama de la política de manera integral y completa, todo el tiempo se centró en un solo aspecto; de allí la queja de los gremios que no encontraron respuesta a sus necesidades.

En síntesis, producido el relevo ministerial, el panorama del sector cambió fundamentalmente: el paro cafetero, los reclamos de arroceros, paperos, ganaderos, lecheros, cacaoteros y algodoneros, son demostración de que la paz en el sector agropecuario está seriamente comprometida, sin que haya signos claros de solución a sus distintos problemas, en especial, por la carencia de una política rural en toda la extensión de la expresión.

En este desconcierto, hay algo que aumenta las preocupaciones: la capacidad del nuevo Ministro de enfrentar la crisis. Infortunadamente, no parece contar con el bagaje para encarar las dificultades. Para comprobarlo, basta hacer un recuento de las declaraciones después de su nombramiento, todas matizadas de buenas intenciones poco profundas. Afirmar que los movimientos campesinos son injustos porque no corresponden a los esfuerzos del Gobierno es una simpleza difícil de captar en épocas de grandes problemas. Si el Gobierno hubiera oído las observaciones que se formularon en su debido momento, el cambio de panorama no se habría dado de la forma en que está ocurriendo.

Con antecedentes como el ofrecimiento de subsidios, en montos nunca vistos, concesiones de todo orden, diferentes a las monetarias, ponen un punto de referencia muy difícil de alcanzar por el impacto que tienen no solo en la política fiscal, sino en macroeconómica. Ante esta situación, me pregunto, de dónde saldrán los más de 200 mil millones de pesos, monto preliminarmente asignado al pago del subsidio a los cafeteros. Ni en épocas del diferencial cambiario o dólar cafetero, como se llamaba entonces.

Gabriel Rosas Vega

Exministro de Agricultura

rosgo12@hotmail.com

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